jueves, 24 de enero de 2013


Modelo de welfare y servicios sociales en la crisis sistémica del capitalismo cognitivo *

Carlo Vercellonei

La crisis actual es una crisis sistémica del capitalismo cuya resolución exige un proceso de transformación social capaz de redefinir radicalmente las reglas de distribución y las normas y la finalidad social de la producción. Esta crisis es expresión de la contradicción estructural entre la lógica de un capitalismo cognitivo financiarizado y las condiciones sociales e institucionales necesarias para el crecimiento de una economía fundada en el conocimiento así como de la indispensable preservación del equilibrio ecológico del planeta.

Algunos observadores hicieron inicialmente una apuesta donde el fracaso sin apelación de un modelo de crecimiento dirigido por las finanzas de mercado y por las políticas neo-liberales de reforma del Estado social abriría las puertas a un nuevo New-Deal. El capital, en su propio interés, habría estado obligado en definitiva a tomar conciencia de la necesidad de un nuevo compromiso capital-trabajo, capaz de conciliar capitalismo, conocimiento y economía del conocimiento, resolviendo al mismo tiempo los desequilibrios inherentes a las desigualdades en la distribución de la renta, escasez de la demanda e inestabilidad de las finanzas. Las razones que justifican un fuerte escepticismo con respecto a esta tesis nos parecen ampliamente confirmadas a partir de la evolución de la crisisii. Pero el redescubrimiento de las virtudes de las políticas keynesianas se detuvo ante el umbral de una serie de medidas urgentes que permitieron salvar el capital, socializando las pérdidas y evitando que la economía mundial desembocara en una espiral deflacionista similar a la de 1929. Para el resto todo debe volver como antes, o casi como antes. El mismo regreso con fuerza de la intervención del Estado está hoy cada vez más claramente puesto al servicio de la continuidad de las políticas neoliberales, de desmantelamiento de los sistemas de bienestar, de privatización de los servicios públicos y de precarización de la fuerza del trabajoiii.

Prueba de ello es el modo en como la misma transformación del endeudamiento privado en deuda pública que se hizo necesario para evitar el colapso del sistema de crédito y relanzar la economía, pasa a ser hoy el eje de una nueva y violenta ola especulativa de los mercados financieros y el pretexto para imponer políticas de drásticos recortes del gasto público. Después de haber tomado como rehén, bajo la amenaza de un colapso de todo el sistema de crédito, a los bancos centrales y a los gobiernos, obteniendo concesiones asombrosos e incondicionales, el capital, revitalizado por la segura impunidad y eficacia de las amenazas que puede producir, toma hoy nuevamente de rehén al conjunto de la sociedad a fin de dictar, sin condiciones, una nueva aceleración del proceso de expropiación del común y de expansión sorda de la burbuja parasitaria. Hay que señalar que esta evolución de las políticas económicas no sólo es socialmente injusta sin que corre el riesgo de avivar ciertas causas de la crisis relacionadas con la escasez de demanda. Ella es también profundamente miope desde el punto de vista de la eficiencia económica a largo plazo en lo relativo a las condiciones socio-institucionales que garanticen el desarrollo de una economía basada en el conocimiento. Se abre así una nueva fase de la crisis en la que, como observa Frédéric Lordon, "el contraste entre capital y trabajo nunca no ha sido tan claroiv. Una nueva etapa de la crisis, con un marcado ascenso del desempleo y del encadenamiento de políticas de austeridad que despertarán conflictos sociales cada vez más agudos y condiciones de una profunda inestabilidad política; configuración donde el caso de Grecia y las divisiones que suscita en Europa no son más que el primer terreno de experimentación. Su apuesta a ganar remite cada vez más a una alternativa tan simple como radical: la de la lógica de un capital incapaz de reformarse a sí mismo y que parece enceguecido, como la aristocracia del ancien régime, de su sola voluntad para preservar en el corto plazo la renta y la fuerza colectiva de un proletariado precario y cognitivo capaz de elaborar un modelo de desarrollo de salida del capitalismo en crisis.
En este contexto, el objetivo de este artículo es de mostrar que, contrariamente al credo neo-liberal, los gastos y los servicios sociales del Welfare no pueden ser considerados, de manera restrictiva como un coste cuya financiación dependería de un giro efectuado por la riqueza creada por el sector privado (pensado erróneamente como el único sector productivo de riqueza). Gastos y servicios colectivos del Welfare deberían ser reconocidos como los factores motores de una dinámica de desarrollo basada en producciones intensivas en conocimiento y de una economía en que la principal fuerza productiva esté representada por la calidad intelectual de la fuerza de trabajo (o como es costumbre decir, tras la ambigua expresión, por el capital humano).

El artículo se desarrollará en dos partes. En la primera parte, presentaré una serie de hechos de realce que ponen de manifiesto en el plano macroeconómico y social el papel clave de las instituciones del Estado social, su génesis, desarrollo y la reproducción de una economía basada en el conocimiento (EBC)
En la segunda, estas consideraciones generales serán confirmadas y precisadas mediante una comparación internacional entre el modelo nórdico y el modelo anglosajón neoliberal de bienestar. Esta comparación hace surgir una correlación positiva fuerte entre el nivel de desarrollo de las instituciones del Estado social y el de una EBC; esto nos proporcionará al mismo tiempo otro enseñanza crucial para una política de bienestar: un débil nivel de desigualdad social y de género es un factor eminentemente favorable para la adopción de formas de organización del trabajo más avanzadas y para la capacidad competitiva de un sistema económico. En conclusión, mostraremos cómo alrededor de las cuestiones centrales de los servicios colectivos y del salario social se define la alternativa entre dos modelos polares de desarrollo y de regulación de una economía basada en el conocimiento.

  1. El papel motor de las instituciones del Estado de bienestar-Welfare State- en el desarrollo y la reproducción de una economía basada en el conocimiento.

Para analizar la función crucial desempeñada por las instituciones del Welfare-State en el desarrollo y la reproducción de una Economía basada en el conocimiento, hay que partir de un de importancia frecuentemente evocado por la teoría económica de una Economía basada en el conocimiento (EBC). Se trata de la dinámica histórica a través de la cual la parte de capital llamado intangible (I+D, programas informáticos, software, pero sobre todo educación, formación y salud) ha superado la parte del capital material en el stock global de capital y es ahora el factor principal del crecimiento económico y de la competitividad. La interpretación de este hecho de importancia tiene cuatro significados principales y estrictamente articulados no solo para comprender mejor el papel de los servicios sociales y colectivos del Welfare, sino también el sentido profundo y encubierto de las políticas que proponen su privatización.

El primer significado es que la tendencia al aumento de la parte del capital intangible está estrechamente vinculado al desarrollo de los servicios colectivos y las prestaciones del Estado social. Son estos servicios colectivos los que han permitido el desarrollo de una escolarización de masa y una formidable elevación del nivel medio de formación de la fuerza de trabajo. Es lo que mostró la formación de lo que podemos definir una intelectualidad difusa o una inteligencia colectiva: eso es lo que explica en efecto, la parte más significativa del aumento del "capital llamado intangible", que representa hoy el elemento esencial del crecimiento y la competitividad de un territorio.

El segundo significado es que el llamado capital intangible corresponde, por tanto, esencialmente, a las calidades intelectuales y creadoras incorporadas en la fuerza laboral. A pesar de la distorsión introducida en términos como capital intelectual, capital intangible o capital humano, no se trata de capital sino de la expresión de una fuerza social y cooperativa de trabajo cognitivo e inmaterial en la producción de valor y de riqueza. De ello se deduce, a nivel de las empresas como de la sociedad, la afirmación de un nuevo primado del conocimiento vivo movilizado por el trabajo, con relación a los conocimientos muertos incorporados en el capital fijo y en la organización gerencial de las empresas. Dos tendencias muestran el alcance y la puesta en juego de esta transformación en una economía basada en el conocimiento. Por un lado, en el plano micro-económico, la importancia de las actividades y las formas de organización del trabajo basadas en una división taylorista, pierden su centralidad y se encuentran relegadas a una lógica de la competencia basada en los precios. En una economía basada en el conocimiento –donde la fuente de creación del valor se sitúa cada vez más por fuera de las esferas de la producción directa – este papel central está cada vez más vinculado a las actividades basadas en una división u organización cognitiva del trabajo. En este marco, la eficiencia productiva no se basa más sobre la reducción de tiempos operativos necesarios para cada una de las ocupaciones. Ella se basa en el conocimiento y la polivalencia de una fuerza de trabajo capaz de maximizar el aprendizaje y la adaptación a una dinámica de cambio continuo, enmarcada en una lógica de la competencia basada en la calidad y la innovación.

Por otro lado, en el plano macro-económico, esto significa que las condiciones de la reproducción y la formación de la fuerza de trabajo se han convertido directamente en productivas y, parafraseando a Adam Smith invirtiendo la conclusión, la fuente de la riqueza de las naciones se encuentra hoy cada vez más por fuera del sistema de las empresas. En otros términos, el factor principal de la competitividad y de la fuerza lde atracción en un territorio, depende cada vez más de los llamados factores colectivos de la productividad (nivel general de la educación y de formación de la fuerza de trabajo, calidad de las infraestructuras y de la investigación, etc). Ahora, estos factores colectivos de la productividad son producidos principalmente por los servicios públicos y colectivos del estado bienestar y explotados gratuitamente por las empresas, en particular por las multinacionales, que se benefician de este modo de una renta, sin haber contribuido de ninguna manera a su constitución. Observamos también de manera inmediata que estas constataciones tienen una implicancia extremadamente importante para una política de desarrollo territorial y de bienestar. Uno de las enseñanzas más importantes que nos ha facilitado el análisis de la dinámica del capitalismo cognitivo es que es más conveniente dar prioridad a una política de inversión y de prestaciones sociales centradas en las personas y en el desarrollo de los factores colectivos de la productividad, que una política de facilitaciones fiscales y sociales y de subvenciones “hundidas” en las empresas. ¿Por qué? Por el hecho de que, en la nueva división internacional del trabajo, es la presencia y el desarrollo de una plataforma de trabajo altamente calificada lo que constituye, en última instancia, el factor esencial de la localización en el largo plazo, sobre un territorio, de las empresas y las actividades productivas intensivas en conocimiento, mayormente creadoras de valor agregado. Los territorios especializados en actividades de tipo taylorista o, en cualquier caso, vinculados a una competencia basada en los costes, son sometidos a una fuerte movilidad del capital. En este caso, como ha ocurrido recientemente en Francia,-donde han surgido conflictos sociales causados por la multiplicación de despidos "producidos por la Bolsa" o por las deslocalizaciones de las instalaciones productivas que también producían beneficios- las empresas siguen en efecto, a menudo estrategias depredadoras, estrategias que las conducen a abandonar un territorio tan pronto como llega a su término el período en el que se benefician de diferentes formas de subsidios fiscales y sociales, o cuando en otro territorio se opera una política de dumping fiscal y social más atractiva.

El tercer significado es que, contrariamente a una idea extendida, los verdaderos sectores motores de una economía basada en el conocimiento no se encuentran en los laboratorios privados de I&D. Este papel motor es desempeñado por lo que se puede llamar la producción colectiva del hombre por el hombre (salud, educación, investigación pública y universitaria, etc. ), facilitada tradicionalmente por las instituciones del estado de bienestar según una lógica no mercantil. Este elemento es sistemáticamente dejado de lado por los economistas mainstream y de la OCDE, y esta omisión es tanto más sospechosa cuando se asiste a una extraordinaria presión para privatizar estas instituciones. La explicación de esta forma está vinculada al papel estratégico que tiene cada vez más para la valorización del capital el control biopolitico y la colonización mercantil de las instituciones del Estado de bienestar. Salud, educación, formación y cultura no sólo forman los modos de vida y las normas de consumo, sino que también representan una parte creciente de la producción que hasta ahora, al menos en Europa, está principalmente garantizada por fuera de la lógica del mercado. En particular, conviene observar en este sentido como en los países de capitalismo avanzado frente a fuertes tendencias estancacionistas, los únicos sectores donde, en el contexto de la crisis, se registra un crecimiento constante y fuerte de la demanda social, son precisamente los de la salud y la educación. Estos factores, mucho más que cualquier otro tema relativo a una supuesta eficacia superior de una gestión fiscalista, permiten explicar la presión extraordinaria ejercida por privatizar los servicios colectivos del Welfare.

Ciertamente, la extensión de la lógica mercantil en estos sectores es teóricamente posible. Sin embargo, la salud, la educación y la investigación corresponden al mismo tiempo a los sectores clave de una EBC y a las actividades en las que la lógica de la mercantilización no se puede aplicar si no al precio de desigualdades insostenibles y de una drástica disminución en la eficacia social de estas producciones. También en este caso, como para los bienes del conocimiento, la subordinación de estos sectores a la lógica mercantil y del beneficio no puede conducir más que a una escasez artificial de los recursos en función de la demanda solvente y a una desestructuración de las fuerzas creadoras de la base del desarrollo de una economía basada en el papel motor del saber y de su difusión. Tenemos aquí una de las manifestaciones más significativas de la crisis de la ley del valor. Su permanencia se apoya mucho más en una pura lógica rentística de la explotación vaciada de todos aquellos elementos progresivos (el desarrollo de las fuerzas productivas como instrumento de reducción de la escasez) que, en ciertos aspectos, habían caracterizado, en el capitalismo industrial, la producción de mercancías materiales standardizadas.

En particular, tres factores vuelven, en el plano macro-económico y social, totalmente improductivas la extensión de la racionalidad capitalista basada en el beneficio en la etapa de la producción del hombre por el hombre. El primero está vinculado al carácter intrínsecamente cognitivo y afectivo de estas actividades donde el trabajo no consiste en actuar sobre la materia inanimada, sino sobre el hombre mismo en una relación de coproducción de servicios (que debe garantizar al mismo tiempo un principio de igualdad basado en los derechos de ciudadanía). Por ejemplo, en el trabajo de cuidado o de formación, los criterios de eficacia económicos y sociales no pueden ser puramente cuantitativos, sino que deben tomar en cuenta toda una serie de variables cualitativas que la contabilidad analítica empresarial es incapaz de incorporarlas sino como costes o tiempos muertos improductivos. El segundo factor está ligado a las profundas distorsiones que la aplicación del principio de la demanda solvente introduciría en la asignación de los recursos y en el derecho al acceso a estos bienes comunes. Por definición, las producciones del común se basan sobre la gratuidad y el libre acceso. Su financiación no puede por lo tanto estar asegurada más que mediante el precio colectivo y político representado por la fiscalidad, por las contribuciones sociales o por otras formas de mutualización de los recursos. El tercer factor está vinculado al hecho que, ni en salud ni educación, por ejemplo, no existe en realidad la figura mítica del consumidor que llevaría a cabo sus opciones sobre la base de un cálculo racional de costes/beneficios dictado por la búsqueda de la máxima eficiencia de la inversión en capital humano. No es cierto que sea éste el criterio principal (afortunadamente) que anima el estudiante en su búsqueda del saber. Menos aún en el caso del enfermo que, en la mayor parte de los casos, es víctima de un estado de angustia que lo vuelve incapaz de alcanzar una elección racional y lo predispone más bien a todas las trampas de una lógica mercantil donde el vender esperanzas e ilusiones es un medio para obtener beneficios.

El cuarto significado es que finalmente la salud, la educación, la investigación, la cultura no orientan sólo las normas de consumo y los modos de vida. Estas actividades constituyen también un reservorio de trabajos altamente calificados donde pueden desarrollarse formas inéditas de autogestión del trabajo, basadas en la coproducción de servicios que implique estrechamente a los usuarios y conduzca a la elaboración de criterios radicalmente alternativos de medición y de definición de la riqueza.
Todas estas razones explican la apuesta fundamental representada por la confrontación entre la estrategia neoliberal de expropiación rentística del común y un proyecto de resocialización de la economía basado en la reconquista democrática de las instituciones del Estado de bienestar y un modelo alternativo de desarrollo basado en la centralidad de la producción del hombre por el hombre.

  1. Las enseñanzas de la confrontación internacional: modelo nórdico y modelo anglosajón de Welfare.

Un enfoque comparativo a nivel internacional permite corroborar esta presentación teórica general del papel estratégico del estado de bienestar en un EBC con otros elementos empíricos. Numerosos hechos indicativos muestran que los países que disponen de los sistemas de bienestar y de servicios sociales más desarrollados son también los más competitivos en una EBC.

Basado en esta comparación internacional resulta, en particular, como veremos, la superioridad del modelo nórdico de estado de bienestar y de EBC respecto al modelo neo-liberal anglosajón, según una dicotomía que permitiría abordar a los otros países en función de su proximidad con respecto a uno de los dos modelos. Pero no es este el objeto de nuestro artículo.
Nos limitaremos aquí a extraer de esta comparativa algunos elementos útiles para reforzar las "armas de la crítica" contra las políticas de ataque a las estructuras del welfare state, intentando al mismo tiempo deducir algunas indicaciones útiles para definir estrategias de éxodo del "capitalismo cognitivo en crisis". Centrando nuestra atención sobre algunos parámetros estructurales relativos tanto a la eficiencia económica como a la justicia social, un primer elemento surge inmediatamente. Donde los sistemas de bienestar son más avanzados, como en los países nórdicos, podemos constatar dos características que se sitúan en contraste neto con el modelo neoliberal anglosajón:

- En la estructura del empleo se observa una parte netamente más elevada de los servicios sociales que representan entre el 30% y el 35% de los puestos de trabajo (alrededor de 10 puntos más que en los Estados Unidos);
- el porcentaje de los servicios comerciales a la persona (empleados domésticas y cuidado de niños ) y de los servicios comerciales (tipo McDonald's y Wall-Mart pero más en general restaurantes, hotelería) que desempeñan un papel central del empleo en los países anglosajones y donde se concentra la mayor parte del trabajo precario, atípico, "no calificado" o infrarremunerado tiene un peso mucho más débil en los países nórdicos ( incluso frente a otros países como Francia e Italia).

Estas dos características de la estructura de los servicios en los países nórdicos– importancia de los servicios sociales y débil impacto relativo de los servicios más precarios– están además estrechamente vinculadas a cinco otros parámetros esenciales para el desarrollo de una EBC capaz de conciliar, en el sentido de Keynes, un más alto nivel de eficiencia económica y de justicia social y de género.

  1. La importancia de los servicios sociales (ofrecidos por el Estado, por las Regiones, por las entidades locales, e incluso también por el llamado tercer sector) parece impedir la dualidad del mercado laboral y las fuertes desigualdades en la distribución de los ingresos, propios del modelo anglosajón, donde dominan los servicios mercantiles y sobre todo, los servicios comerciales a la persona.
  2. La calidad y extensión de los servicios colectivos y sociales (educación, salud, pero también guarderías, asistencia a domicilio a personas mayores y discapacitados, formación permanente) asegurados sobre la base de derechos universales, reduce considerablemente las desigualdades de género. La tasa de actividad femenina es más elevada y sobre todo las mujeres sufren mucho menos que en otros modelos de bienestar de discriminaciones en términos de remuneración, calificación y carreras profesionales
  3. En los países donde los servicios sociales y no mercantiles representan un porcentaje más importante en la estructura del empleo el nivel de las remuneraciones así como la clasificación de la fuerza de trabajo es mucho más elevado en el conjunto de la economía. Se trata de lo que Jean Gadrey, oponiendo el sistema de Welfare nórdico al anglosajón, llama el modelo de la calificación profesional de masa v. Dos factores contribuyen a explicar esta configuración. El primero está vinculado directamente al hecho de que los servicios sociales y las actividades productivas del hombre por el hombre aseguradas por las instituciones del Estado de bienestar y del llamado tercer sector son, como hemos visto, por su naturaleza, actividades intensivas en trabajo cognitivo. El segundo remite a los efectos indirectos que el acceso universal a un conjunto de servicios y de prestaciones sociales produce sobre la calidad intelectual de la fuerza de trabajo y sobre una cultura igualitaria y de la cooperación que se desarrolla en el conjunto de las relaciones sociales y de las actividades productivas.
  4. Como lo demuestra el caso ejemplar de los países nórdicos, el nivel de desarrollo de las instituciones del Estado de bienestar está pues relacionado positivamente con la presencia en el mismo sector privado de un número mucho más elevado de empresas que adoptan formas de organización del trabajo más avanzadas y en ruptura con el modelo taylorista. A este respecto, los resultados de la tercera encuesta europea sobre las condiciones de trabajo en el sector privado y las empresas con más de 10 empleados tomada en marzo de 2000 por la Eurofound (Fundación europea para la mejora de las condiciones de vida y de trabajo) son elocuentes, por lo que los responsables de investigación y de diferentes artículos dedicados al análisis de sus resultados evitan extrañamente mencionar esta correlación.

Esta investigación identifica cuatro principales modelos productivos o tipos de organización del trabajo:

  • el modelo del “aprendizaje discrecional" (Discretionary learning) que reune al conjunto de principios propios de una organización cognitiva del trabajo. Este modelo está en efecto caracterizado por altos niveles de autonomía procedimental de los trabajadores, la complejidad de las tareas en la base de una economía de aprendizaje dinámico y la eficacia basada en la calidad y la innovación;
  • el modelo de la producción “ágil” (lean production) que corresponde a los principios del modelo japonés y se caracteriza por formas de autonomía en el trabajo más limitadas, controladas y codificadas por normas temporales y de control de calidad;
  • el modelo taylorista;
  • por último, el modelo de organización del trabajo propiamente dicho "tradicional" o "de estructura simple" como el que, por ejemplo, se puede encontrar en el pequeño comercio.

El análisis de los resultados de esa investigación proporciona muchos elementos que confirman y precisan las tesis que hemos desarrollado aquí. En primer lugar, confirman en el plano general la tesis del papel cada vez más importante del trabajo cognitivo: el modelo de “aprendizaje discrecional” es de lejos el principal tipo de organización del trabajo en la Unión Europea donde incorpora, en promedio, el 39% de la fuerza de trabajo del sector privado (cf. Table 1 al final del texto). Este porcentaje sería por otro lado, sin duda, mucho más alto si la investigación hubiera cubierto el impacto cuantitativo y cualitativo de los servicios públicos y de los sectores del "no mercado". Su distribución geográfica es muy fuertemente desigual y aún podemos observar una correlación fuerte entre el nivel de desarrollo de las instituciones del Estado de bienestar y el de los modelos de organización del trabajo más avanzados.
El cuadro muestra en particular que esta forma de organización del trabajo está muy generalizada precisamente en los países nórdicos. El porcentaje de la fuerza de trabajo implicada en el modelo de aprendizaje discrecional supera el 50% en Dinamarca, Suecia y Holanda y el 47% en Finlandia. En Italia, la presencia de este modelo es en cambio inferior a la media europea, mientras permanece, en porcentaje, la forma mayoritaria de organización del trabajo.
Además del papel de los servicios sociales y del sistema de enseñanza superior, dos otros elementos del modelo de bienestar de países nórdicos contribuyen a explicar, con una correlación fuertemente positiva, estas performancesvi:
- un sistema de formación profesional permanente considerablemente desarrollado y que permite integrar, mucho más que en otros lugares, al conjunto de las categorías socio-profesionales en las formas de organización cognitiva del trabajo;
- un sistema de indemnización del desempleo basado en prestaciones elevadas y derechos objetivos que permiten a los trabajadores conciliar movilidad y seguridad de la renta. Se trata de un elemento central para favorecer a nivel social el proceso de producción de conocimiento que necesita de un horizonte de largo plazo y de una garantía de renta que permita a los trabajadores invertir en un proceso de formación permanente.

Por último, el cuadro pone indirectamente en evidencia un último elemento muy importante relativo a la relación entre el nivel de desarrollo de una EBC y el del Welfare State.
Se trata de un indicador (calculado por Lundvall & Lorenz) del nivel de exposición y por lo tanto de vulnerabilidad a la competencia internacional de los países emergentes y a los procesos de deslocalización de la producción. También hace ver claramente, para el conjunto de los países nórdicos, un índice de exposición y de vulnerabilidad a la competencia internacional muy inferior a la media. En definitiva, aunque otros elementos socio-económicos entran sin duda en juego, existe una correlación cierta entre el nivel de desarrollo del Welfare, difusión de las formas de organización del trabajo más avanzadas basadas en el trabajo cognitivo y capacidades competitivas de un país.

Conclusiones

En conclusión, los elementos de análisis aquí producidos permiten comprender mejor porqué, en el contexto de crisis actual, alrededor de la cuestión central de los servicios sociales y de los sistemas de bienestar, se define la alternativa entre dos modelos opuestos de regulación de una economía basada en el conocimiento. El primer modelo correspondería a una profundización de todas las políticas neoliberales de desmantelamiento del Welfare según una lógica, donde la extensión de la esfera mercantil debería ir pari passu con la desestructuración de las condiciones más esenciales del desarrollo hacia una EBC. La continuación de esta lógica condenaría a los países de la Unión Europea, y en particular a Italia, a un declive ineludible, y a una posición cada vez más periférica y de empleado en la nueva división internacional del trabajo. El segundo modelo estaría basado en una política de fortalecimiento de las instituciones del Estado de bienestar, consideradas en su doble aspecto de proveedor de servicios colectivos y de sistema de distribución de la renta. Éste podría constituir la vía maestra para hacer de la crisis una oportunidad de construcción de una dinámica de desarrollo alternativa basada en dos ejes principales. El primero se refiere a la prioridad de la inversión en los servicios sociales y en las producción del hombre por el hombre (salud, educación, formación permanente, investigación pública, etc. ) que garanticen, al mismo tiempo, la satisfacción de las necesidades esenciales, el crecimiento de una economía basada en el conocimiento y un modelo de desarrollo ecológicamente sostenible. El segundo eje remite a la multiplicación de formas garantizadas de acceso a la renta (en el caso de los estudiantes al trabajo interino) basadas en derechos objetivos y universales. Y esto según una perspectiva que podría suponer a largo plazo la instauración de un verdadero ingreso social garantizado incondicional (ISG). Estas formas de garantía de la renta no sólo tendrían un efecto positivo, con el fin de apoyar la demanda y atenuar los efectos de la precarización del trabajo, sino que permitirían conciliar movilidad, formación de la fuerza de trabajo y seguridad de la renta. Más aún, es necesario recordar y subrayar que la reivindicación de un ISG encuentra un doble fundamento basado en un reexamen del concepto de trabajo productivo en el capitalismo cognitivo. Este descansa tanto en la extensión de los tiempos sociales y de las actividades que, directa o indirectamente, participan en la creación de plusvalor, sobre la base que el trabajo puede ser productor de riqueza, es decir, de valores uso creados fuera de la esfera de mercado, aunque sea improductivo para el capital. En esta perspectiva, la propuesta de ISG permitiría recomponer al conjunto de la fuerza de trabajo alrededor de una nueva componente socializada del salario reforzando su poder contractual, restando al capital una parte del valor, capturado mediante la renta. Al mismo tiempo, el debilitamiento de la coacción monetaria sobre la relación salarial, favorecería el desarrollo de formas de trabajo que escaparían a la lógica mercantil del trabajo subordinado y promoviendo la transición hacia un modelo no productivista, basado en la primacía de formas de cooperación no mercantil en relaciones de servicio y en actividades intensivas en conocimiento. Desde este punto de vista el ISG debería ser pues considerado, simultáneamente, como un rédito primario para los individuos y una inversión social de la sociedad del conocimiento.



Table 1. National Differences in Forms of Work Organisation.


Percent of employees by country in each organisational class



Discretionarylearning
Lean production 
Tayloristorganisation
Traditionalorganisation

Austria
47.5
 21.5
13.1
18.0
96.7
Belgium
38.9
25.1
13.9
22.1
101.2
Denmark
60
21.9
6.8
11.3
87.4
Finland
47.8
27.6
12.5
12.1
94.6
France
38.0
33.3
11.1
17.7
99.2
Germany
44.3
19.6
14.3
21.9
99.5
Greece
18.7
25.6
28.0
27.7
114,.8
Italy
30.0
23.6
20.9
25.4
107,.6
Ireland
24.0
37.8
20.7
17.6
106,.5
Luxembourg
42.8
25.4
11.9
20.0
98.6
Netherlands
64.0
17.2
5.3
13.5
86.8
Portugal
26.1
28.1
23.0
22.8
109,.6
Spain
20.1
38.8
18.5
22.5
109,.2
Sweden
52.6
18.5
7.1
21.7
94.0
UK
34.8
40.6
10.9
13.7
98.7
EU
39.1
28.2
13.6
19.1
100
Fonti: Third Working Condition survey. European Foundation for the Improvement of Living and Working Conditions, 2000.Per l’indice d’esposizione : Bengt-Åke Lundvall & Edward Lorenz “On the Role of Social Investment in the Learning Economy: A European Perspective”, 2009.



i El artículo que presentamos es en gran medida la transcripción de una intervención en el Coloquio Internacional “Políticas públicas y derechos fundamentales entre Europa y las regiones” desarrollado en Napoles el 27 de febrero de 2010. Agradezco a Stefano Lucarelli por sus observaciones que han permitido mejorar la versión de este trabajo.

ii Sobre este punto me permito reenviar a C. Vercellone, “Crisis de la ley del valor y devenir renta del beneficio. Apuntes sobre la crisis sistémica del capitalismo cognitivo” en A. Fumagalli, S. Mezzadra (recop.) “Crisis de la economia global”, Ombre Corte-Uninomade, Verona pp. 71-10

iii La nueva ley de salud aprobada en los EEUU no modifica la valoración de la fuerza de esta tendencia general. Extendiendo a treinta y dos millones de estadounidenses la posibilidad de acceder a una cobertura médica, la ley no hace más que atenuar ligeramente el retraso notorio del sistema de salud americano con respecto al modelo europeo. Se trata, por otro lado, de un simple compromiso con el sistema de seguridad social privado que permanece como el pilar del sistema de salud americano. Bajo la presión de una violenta campaña de los medios financiada por la seguridad social privada (que el mismo Obama había cándidamente salvado de la bancarrota, sin reclamarles ninguna contrapartida política o económica) la reforma, de hecho, ha sido amputada de aquello que en el origen era el aspecto más radical e innovativo: la opción que habría instaurado un sistema de salud pública disponible para todos y en competencia con la seguridad social privada.

iv F Lordon, “La absoluta urgencia de un contra shock” Le Monde Diplomatique, Marzo 2010.

v J. Gadrey “Modele nordique vs. Modele anglo-saxon”, L’economie politique, Nº 19, Julio 2003. Sobre la confrontación entre los dos modelos de servicios y de Welfare, ver también del mismo autor, “Socio economique des services”, La Decouverte, 2003.

vi Como muestran B-A- Lundvall & Ed. Lorenz en un artículo significativamente titulado: “Sobre el rol de la inversión social en una economía de conocimient: una perspectiva europea” en N. Morel, B. Palier, J. Palme (recop) “What future for social investment”, Institute for Futures Studies, Digaloo, Estocolmo, 2009 http://www.framtidsstudier.se/filebank/files/20091022$140156$fil$L14XjdAIt31VUstBnU0K.pdf.

Para un análisis detallado de los resultados de la indagación ver también Ed. Lorenz y A. Valerye, “Les formes d’organisation du travail dans les pays de l’union europeene”, Documento de Trabajo Nº 32, Centro de Estudios sobre el empleo, junio 2004, http://www.osl.upf.edu/pdfs/travail.pdf

Traducción: César Altamira

*Del sitio italiano Uninomade 2.0 http://www.uninomade.org/modelli-di-welfare-capitalismo-cognitivo/



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