lunes, 28 de febrero de 2011

El Magreb y los mercados financieros: la lógica del contagio

UniNOMADE 2.0
28 / 02 / 2011  



de Christian Marazzi
Quienes siguen lo que está sucediendo en el norte de África y en Oriente Medio con un ojo en los mercados financieros no pueden dejar de ser sacudidos por algunas similitudes, aunque también fundamentales diferencias. Así, por ejemplo, se destaca la lógica del contagio, es decir, la imitación que supera toda expectativa racional. En los mercados financieros es el déficit de información el que conduce a los agentes económicos a imitar a los demás para definir (seleccionar o elegir a) el representante de la riqueza universal históricamente determinada (que puede ser el dinero "equivalente general", o las acciones tecnológicas, o los títulos de alto riesgo,0  las materias primas , etc. En pocas palabras, los "convenios colectivos" de la memoria keynesiana). Este déficit de información provoca un movimiento contagioso dentro de la comunidad de inversionistas que, a su vez, produce las burbujas financieras, diseñadas para explotar cuando el proceso se vuelve tan auto-referencial que pierde toda relación con la realidad. Es la “Racionalidad de la irracionalidad”, o la "racionalidad colectiva” del mercado. Los procesos revolucionarios en la era del capitalismo financiero mundial parecen funcionar según la misma lógica, aunque sólo en la superficie. De hecho, la infección, la práctica mimética que caracteriza a los levantamientos de las masas del norte de África y Oriente Medio países, no proceden de un déficit de información, sino de su contrario, un exceso de información lo que da paso a manifestaciones en las regiones, contiguas o no, a pesar de diferir en la composición social, en el PIB per cápita, en la tasa de inflación, en la tasa de desempleo de los jóvenes. (Ver Wealth Management Research , "Los mercados financieros globales", UBS, 24 de febrero). Los vehículos de la infección son a menudo, o con frecuencia, las tecnologías de la comunicación, pero la dirección es opuesta: si en los mercados financieros la autoreferencialidad no tiene materialidad, en los movimientos insurgentes el referente material es el cuerpo social. La misma información, su concepto y su modo de difusión no se prestan a una interpretación fácil. Si se lee las Crónicas de Maurizio Matteuzzi, el periodista incrustado de "Il Manifesto", parece que prevaleciera ya la desinformación, ya la opacidad de los hechos y de las noticias. La información y su "exceso" no afectan acá a la «imitación del otro, como en los mercados financieros, pero sí  la imitación de sí mismo, la de su propia singularidad .Una singularidad lleno de deseo por la libertad y de autodeterminación. De deseos de vivir.

Sobre el futuro del mercado petrolero, a su vez, la confusión es mayor. Por un lado, todos los analistas coinciden en que Libia no es el problema: si es cierto que ya el 60 por ciento de la producción se ha paralizado, lo que equivale a la pérdida de un 1,1 por ciento del suministro mundial de petróleo, es cierto también que Arabia Saudita puede fácilmente cubrir  una pérdida de esta magnitud. Por otra parte, como señala The Economist ("Sobre el aumento de presión del petroleo", 26 de febrero) desde  los años 70 hasta ahora, el petróleo se ha globalizado significativamente. Por ejemplo, Rusia ha superado a Arabia Saudita como el mayor productor de petróleo crudo. La cuota de la OPEP en la producción mundial ha caído del 51 por ciento a mediados de los años 70 a poco más de un 40 por ciento en la actualidad. El problema es político, ya que la capacidad adicional, las reservas son esencialmente sauditas; es decir determinadas  por Arabia Saudita mientras que Bahrein, limítrofe de Arabia Saudita, donde la producción petrolera es mínima, ve pasar por sus costas el 18 por ciento del crudo mundial. No es casualidad que la semana pasada al rey saudita se apresurara a anunciar el lanzamiento de 36 mil millones de dólares para distribuir entre sus ciudadanos. Por lo tanto, aquí  las previsiones son muy riesgosas. Se pasa de 120 dólares a 220 dólares por barril de crudo Brent, aunque se espera que en el mediano plazo (?) retorne a $ 100. Teniendo en cuenta que, de acuerdo con una estimación "de oro" que circula entre los economistas, una elevación sostenida (para los próximos dos años) de 10 por ciento del precio del petróleo significaría, en promedio, una reducción de medio punto porcentual del PIB mundial. En los EE.UU. donde el avance de la tercerización en la economía, es decir de la subcontratación, ha conducido a una sensible disminución del consumo de petróleo por unidad de producto, en comparación con los años del fordismo, el mismo 10 por ciento del aumento de precios provocaría en los hechos una reducción de 0.2 por ciento del PIB y un 0,1 por ciento de aumento en el desempleo ( Financial Times , "Aumento del precio del petróleo coloca a la frágil recuperación de los EE.UU. en riesgo", 25 de febrero).

En cualquier caso, queda claro que los modelos de predicción son de poco uso (no funcionan en tiempos de crisis política). Es muy probable que un shock en los mercados petroleros tenga el mismo efecto que la crisis de la deuda soberana europea del año pasado, es decir: pérdida de confianza en los mercados financieros, caída de precios de las acciones y regreso de la recesión. Y, como sucedió el año pasado, la tentación de relanzar la flexibilización cuantitativa, es decir la creación de dinero por la Reserva Federal. Sólo que  ahora se corre el riesgo de la inflación. O mejor dicho: un aumento en los precios del petróleo, distrayendo el consumo de otros bienes, crea una situación esquizofrénica: por un lado el aumento del precio de la gasolina (y nadie sabe por cuánto tiempo); por la otra la cesta de productos con respecto a la que se mide la inflación  ( la inflación subyacente ) permanece inmóvil, al menos hasta que las expectativas de inflación desencadenen el proceso de profecía autocumplida, obligando a la Fed a intervenir con el aumento de las tasas de interés. El manejo de la inflación, en definitiva, es un verdadero dilema para las autoridades monetarias, también debido a que las demandas salariales serán difíciles de contener a pesar de las altas tasas de desempleo. La situación es aún peor en Europa; aunque no es mejor en los países emergentes (donde hay más consumo de energía por unidad de producto) Es de esperar que se genere una dinámica como la que sigue: luchas salariales  y luchas por los ingresos sociales contra la renta petrolera. Virtudes de los bienes comunes, los commons!
27 de febrero

Trad: César Altamira

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