martes, 8 de marzo de 2011

Capitalismo cognitivo y  capitalismo mafioso


LEBERT DIDIER y CARLO VERCELLONE

El capitalismo cognitivo y el capitalismo mafioso están estrechamente entrelazados con el proceso de globalización financiera y el capital productivo. Para comprender este vínculo resulta útil comenzar con una definición de estos dos conceptos que a menudo dan lugar a malentendidos.
El concepto de capitalismo cognitivo define una nueva fase histórica del capitalismo en la que el papel del trabajo intelectual e inmaterial se presenta como elemento estratégico en términos de creación de valor y de una dinámica de la competitividad fundada cada vez más en la innovación. En este contexto, la cuestión clave de la valorización del capital y de las formas de propiedad no se basa más en el capital y bienes materiales. Está ligada directamente al control económico y biopolítico de las  condiciones colectivas de la producción del conocimiento y de su transformación en capital y mercancía ficticia. De esta dinámica resultan dos consecuencias fundamentales.
La primera se refiere a cómo el aumento del capital llamado inmaterial e intelectual ha favorecido la financiarización de la economía. La evaluación de este capital, en esencia ficticio, como lo ha demostrado Gorz, de hecho, no puede ser más que la expresión completamente subjetiva de la anticipación de los beneficios futuros efectuados por los mercados financieros que de esta manera se apropian de una renta.
La segunda  se refiere a la presión ejercida por el capitalismo cognitivo para el fortalecimiento de los derechos de propiedad intelectual y la privatización, o en todo caso para la subordinación a la lógica del mercado de las instituciones del welfare (sistemas de investigación, de la educación y de la salud) que son los verdaderos motores de una economía basada en el conocimiento. Tenemos allí una dinámica altamente contradictoria, ya que la lógica parasitaria del capitalismo cognitivo puede secar las fuentes más esenciales de una economía basada en el conocimiento.
Debemos aclarar que el capitalismo cognitivo no suprime la lógica productivista del capitalismo industrial, sino sólo aquella ligada al crecimiento de los bienes materiales. Reorientándola  y reforzándola a través del proceso de globalización de la producción y de una lógica de  depredación y destrucción de los recursos naturales no renovables que acentúa el riesgo de destrucción de la bio diversidad y de desestabilización ecológica del planeta. De allí entonces que los nuevos enclosures del saber vayan a la par y refuercen los viejos enclosures referidos a la tierra y los otros bienes comunes de la humanidad. De estas mutaciones resulta una nueva división internacional del trabajo que busca proporcionar a los países de la OCDE los dividendos de la propiedad intelectual y de la producción intensiva en conocimiento, relegando al resto del mundo a la producción de bienes banalizados y al suministro de materias primas y recursos no renovables. El desarrollo del capitalismo cognitivo va de la mano con una tendencia hacia la polarización de la geografía del desarrollo entre regiones y naciones. Si bien ciertamente no estamos aquí frente a un proceso único: así como ciertas fases de la producción pueden ser reubicadas en las regiones desarrolladas, ciertas funciones de la gestión y del diseño son deslocalizadas hacia países del sur como la India o China, que disponen de una gran reserva de mano de obra intelectual. Lógica que, en términos de ventajas comparativas, está basada en los costes laborales y que se puede combinar con la nueva lógica de la división cognitiva del trabajo y, en el largo plazo, socavar la posición hegemónica de los países de la OCDE. El hecho es que la nueva división internacional del trabajo creada por el capitalismo cognitivo podría condenar a muchos países en desarrollo, a los menos dotados en mano de obra calificada, a una verdadera "desconexión forzada".
Al mismo tiempo, las políticas neoliberales de privatización llevadas a cabo en los países de la OCDE y la transición de los países del llamado socialismo de Europa del Este hacia un capitalismo altamente desregulado desató, en una escala sin precedentes, una gigantesca acumulación primitiva de capital en el corazón de lo que, con frecuencia, se encuentra una violenta redistribución de los derechos de propiedad.
Es sobre este terreno construido por el desarrollo del capitalismo cognitivo y su regulación financiera y  neoliberal que estamos presenciando, ya en su forma más clásica, ya en sus formas más modernas, una verdadera expansión del capitalismo mafioso.
Pero, ¿qué debemos entender por capitalismo mafioso? A este respecto, conviene ser bien preciso  y para ello es útil recordar la distinción marxista entre las diferentes modalidades de circulación del dinero. El capitalismo mafioso no puede ser confundido con las formas más tradicionales de la criminalidad (aunque las puede subsumir), más o menos organizadas, que el  desarrollo de las desigualdades está en tren sin duda de alimentar. De hecho, en estas formas tradicionales la actividad delictiva ha tenido siempre por objetivo básico el consumo esencial (M-D-M’) importando poco si este objetivo se logra mediante el adelanto directo de una suma de dinero o por la producción y / o venta una mercancía.
El capitalismo mafioso se inscribe en la lógica de circulación del dinero como capital, y se inscribe en las diferentes modalidades de acumulación del capital: desde su circuito corto DD', típico del capital financiero, pasando por el circuito largo del capital comercial D-M-D’ y llegando al circuito del capital productivo legal o ilegal (D-M…-P…-M’-D’). Aunque fundamentalmente - y esta definición ayuda a explicar su desarrollo  actual - el capitalismo mafioso expresa, según nosotros, el carácter estructural de los métodos de "acumulación primitiva de capital" que permitieron el establecimiento de las condiciones para el crecimiento del propio capitalismo: la apropiación privada de la tierra y la expropiación de los campesinos tras el proceso de expropiación de las tierras comunales (enclosures); la transformación de la fuerza de trabajo en una mercancía ficticia, la concentración de la propiedad y la acumulación de grandes masas capital a través de los llamados mecanismos "extra-económicos" y violentos, bien alejados, en todo caso, de los mitos de la economía política que hacían de la propiedad privada y del capital los frutos del esfuerzo del trabajo y del ahorro de individuos virtuosos. Esto significa también que el capitalismo mafioso no se limita a una lógica de valorización basada en contratos y productos ilegales. Significa también, y sobre todo, una actividad empresarial que, aunque trabajando en la economía formal, utiliza instrumentos "no estándar" (amenaza, violencia y corrupción) para la regulación de las relación salarial y de las relaciones de competencia. Es el carácter estructural y socialmente organizado de esta interpenetración de lo formal y lo informal, de lo lícito y de lo ilícito, de lo legal y de lo ilegal, lo que constituye la característica principal de lo que entendemos por "capitalismo mafioso”.
Finalmente son múltiples los factores que continúan hoy día alimentando las formas de  acumulación mafiosa como parte integrante del desarrollo del capitalismo cognitivo a nivel mundial tanto en el centro como en la periferia.
En la periferia, sobre todo en las regiones sujetas a una "desconexión forzada", las formas de acumulación mafiosa constituyen a menudo el principal medio de integración en la división internacional del trabajo y de una acumulación susceptible de alimentar otras actividades mercantiles y no mercantiles. Este es el caso, bien común, de la mafia familiar especializada en las cadenas de la droga, aunque también de lo que ahora se llama la eco-mafia, en un contexto donde la crisis ecológica exacerba, mediante todas las formas, los intentos de apropiación de los escasos recursos renovables y no renovables. Estas formas "ecológicas" de acumulación primitiva van a la par con otros métodos de expropiación del común, representando éste último el terreno por excelencia del capitalismo mafioso. Nos referimos por ejemplo al caso de Rusia, donde a través de las prácticas ilegales y violentas de redistribución de los derechos de propiedad se formó la nueva burguesía post-socialista, de acuerdo con una dinámica que recuerda a los ladrones barones de los EE.UU del siglo XIX. A otra escala este proceso  se ha producido también en países desarrollados como en Italia. La privatización de los servicios públicos y de la gestión de la propiedad común, como el mercado de obras públicas, representa allí uno de los lugares privilegiados para el florecimiento  del capitalismo mafioso y su interacción con el capitalismo cognitivo y el poder político.
Capital cognitivo y el capital mafioso encuentran así una verdadera unidad donde todas las diferencias desaparecen en la opacidad intrínseca de los mercados financieros. Es en este contexto que el capital mafioso ha tenido la oportunidad de ofrecer en algunos casos una parte considerable del capital inicial necesario para construir las grandes empresas de lo inmaterial  y lo audiovisual. Es siempre a través de los mercados financieros, con una constante ida y vuelta, que el capitalismo cognitivo y el capitalismo mafioso finalmente se funden en una lógica común de acumulación administrada por actores e instituciones comunes. Por último, podemos decir que los peligrosos vínculos entre el capitalismo mafioso y el capitalismo cognitivo  no responden a anomalías, sino a elementos endógenos de la acumulación del capitalismo contemporáneo, que no podrán ser extirpados, al igual que los excesos de la financiarización (de la que forman parte), haciendo un llamado al retorno de un mítico capitalismo ético y socialmente responsable.

Trad del francés: César Altamira

No hay comentarios:

Publicar un comentario