jueves, 17 de marzo de 2011

El trabajo de cuidado como arquetipo del biocapitalismo

autor: 
 Cristina Morini
El trabajo domestico realizado por las mujeres hoy representa un modelo particularmente atractivo. Eso os lo confirma en la idea antigua segun la cuál el contexto moderno se construye sobre la base de jerarquías concretas y que es “ordenado” apoyándose a categorías (económicas, sociales) establecidas desde el poder para obtener formas de subordinación y discipliamento. A todo ello, ahora se añade algo mas. Históricamente solo  es considerado fundamento de la acumulación el trabajo productivo (en el sentido capitalista), involucrado en la distribución de la “plusvalía” generada por medio de los factores productivos. Según esta lectura, dado que el trabajo domestico de las mujeres no permitiría acumulación – aunque la favorezca indirectamente garantizando al obrero su reproducción– eso ha sido considerado en todas las épocas “sin valor alguno” – en tanto que concebido improductivo –  y  de ésta manera nunca ha sido participe de la distribución.

De todas maneras sigue pendiente la cuestión de como la teoría del valor-trabajo deba adecuarse a la evolución del sistema capitalista y a la sucesión de las diferentes modalidad de acumulación. No son menores los efectos, de hecho, de las trasformaciones estructurales que han invertido y parcialmente modificado el proceso de valorización en el pasaje desde el capitalismo industrial-fordista hasta elbiocapitalismo1 , por lo menos en las partes del mundo donde esta modalidad se ha afirmado y tienepresencia2. Y es característico en este pasaje el hecho que la teoría del valor-trabajo – también entendida como teoría del valor-tiempo de trabajo – necesita de una redefinición  que sea capaz de recoger los cambios  cualitativos que han puesto en crisis las teorías tradicionales.
Observar el trabajo domestico en el presente abre perspectivas mas amplias de las que el feminismo había correctamente identificado y de las cuáles se habia ocupado en el recorrido de lo los años 70. Lo primero de todo, ayuda a comparar los mecanismos de medida del valor que han sido validos en el pasado. El trabajo de cuidados encarna la crisis de la medida del valor en el trabajo actual. En este sentido, un actualización de la reflexión sobre el trabajo de cuidados parece abrir la puerta a los análisis criticos actuales finalmente mas generales sobre el tema del trabajo, del valor-trabajo y sobre el problema de la medida.
El “trabajo no remunerado” de las mujeres3 (el trabajo de reproducción y de cuidado) se convierte así en un interesante arquetipo de la producción contemporánea. Cuando razonamos sobre la des-medida del trabajo actual en el ciclo de acumulación flexible, el trabajo no remunerado entra como tal en la reflexión porque constituye un ejemplo sugerente y común. No solamente porque – como hoy frecuentemente se intenta– buscamos dar medida (en términos de valor ptotencialmente producido, que  es, concretamente, los términos propios de la economía política) a la reproducción – esto es, el trabajo domestico, el trabajo de cuidado, de gestión y de servicios necesarios para la existencia – nos damos cuenta que eso es superior al total del trabajo pagado. Pero porque sostengo que eso se adapta a la descripción de un proceso que conlleva la esencia de la prestación laboral en su totalidad, en el punto en el cual nosotros definimos la presente fase del capitalismo como basada sobre un modelo antropogenético, es decir de “producción del hombre por medio del hombre”4, donde la vida está destinada a trabajar por la producción y la producción a trabajar por la vida”5. Desde este punto de vista el valor producido del trabajo excede forzosamente, siempre, la remuneración. Asumiendo un carácter general, el problema no refiere solo del trabajo de cuidado. Desde els momento en el cuál el proceso productivo engloba conocimiento y afectos, deseo y cuerpos, lenguajes y relaciones, motivaciones y opiniones, es aun mas evidente que nunca como no puede ser pagado. Ni en el trabajo domestico ni en otros lugares.


El rol del afecto
La sociedad humana se funda en la división sexual del trabajo entre hombre y mujer, que encuentra en la familia y en el trabajo productivo sus ejes portantes. El fordismo se centró  sobre un pacto de mutuo socorrro entre estos dos diferentes actores. En la época de los sistemas rígidos, las mujeres  --que asumen el rol de mujer--  por un acto de amor, se ocupan de la gestión del hogar y de los hijos, mientras los hombres llevan renta para la casa, con el trabajo externo. El hecho que la esposa se ocupe de múltiples deberes que no son reconocidos como trabajo –  y por tanto no remunerados – pero que tampoco han sido buscados o pagados al exterior, ha incrementado el mecanismo de acumulación a través de un doble mecanismo: con aquello que no le era pagado a ella y gracias a aquello que evitaba pagar él. Cuidado, por amor,  de la mujer, el hombre no ha tenido ninguna necesidad de comprar ningún servicio en el mercado. La economía política del patriarcado se basa esencialmente en estos pilares. El aspecto mas evidente de esto planteamiento, si volvemos la mirada por atrás, se encuentra en la falta de definición  padecida del por el trabajo domestico, mas allá de su gratuidad. Para establecer que es el trabajo domestico se utilizan definiciones de “buen sentido”, escribe Christine Delphy, “ lo que se ha quedado fijo de su definición es solo su contenido empírico y eso no es indiferente a las interpretaciones teóricas a las cuales el trabajo doméstico  ha sido sometido”6. En un ensayo del 1970 que vale la pena retomar7, Delphy razonando sobre el problema del trabajo domestico (que prefiere nombrar como “trabajo familiar”, travail ménager) sostiene que los rasgos principales de esta actividad no se puede encontrar si no consideramos que el objeto del trabajo domestico (cocinar, limpiar, cuidar a los niños, etc.) – o sea la parte visible de eso – no agota su rol “estructural y económico”. En sustancia debe reconocerse al trabajo familiar la carácterística intrínseca y nunca plenamente admitida de trabajo, mas allá de su gratuidad.

Existe  a la vez la necesidad, tomando ejemplo del trabajo domestico, de repensar desde la raíz el concepto de trabajo para llegar a una nueva definición formal que no se conforme con el uso aparenteque hoy en día se le atribuye. ¿La mayoría del trabajo contemporáneo no sufre la misma condición? Cuando hoy decimos trabajo  nos referimos menos a una porción concreta de tiempo la cual se desempeña al exterior  del hogar, una tarea que comienza y acaba con un acto individualizado y certificado como tal. En lugar nos figuramos un mecanismo extendido, que a menudo se desempeña entre las paredes domesticas y que implica  la puesta en juego de relaciones e intercambios que pertenecen a la existencia del sujeto exterior al trabajo, a su vida afectiva, a sus intereses, a sus pasiones, conocimientos y experiencias.
En síntesis:

“Es la capacidad de innovación, de “producción de formas de vida”, y entonces de creación de valor añadido, la que define la actividad humana, no el hecho de pertenecer a un determinado sector ocupacional”8


En el pasado hemos tenido otros ejemplos de trabajo gratuito que a la vez– a diferencia del trabajo domestico de las muejeres – han sido contabilizados en el PIB. Estos pertenecían a formas arcaicas de la economía como la agricultura de subsistencia o ciertas formas de autoconsumo agrícola A diferencia de entonces,  hoy la gratuidad y el valor de uso (traducido en valor de cambio) se convierten en la dimensión característica del trabajo cognitivo, el trabajo del conocimiento desarrollado en el marco de las economías mas avanzadas. Y como en el caso del trabajo de cuidado es la intromisión del elemento afectivo lo que ha permitido al biocapitalismo  la conduccción del trabajo cognitivo, del trabajo del conocimiento, el knowledge work, hacía el camino de la gratuidad tendencial.

El placer y el amor, el vinculo con la actividad que se desarrola través dels uso  habilidades cognitivas y habilidades relacionales, hacen más difícil por los sujetos una separación nítida entre el trabajo y la vida y más posible la aceptación de la dimensión de la gratuidad (las prácticas como forma generalizada, las formas de precariedad en la universidad, la remuneración simbólica recibida para escribir en los periódicos). Debe notarse la diferencia entre el pasado – donde quedaban implícitos el desprendimientos/distancia (física también) más o menos grande con el objeto propio del trabajo  – y el presente que,  a diferencia, hace performativo propiamente y sobretodo  la participación en el lugar de trabajo. En particular, los sentimientos, las fantasías, las imaginaciones, no se expulsan o superan pero en lugar son totalmente solicitadoas en el trabajo de producción cognitivo/relacional/afectivo. Constituyen su fundamento.

El sueño de amor que ha condicionado las mujeres en el trabajo de cuidado de su hombre y de sus hijos, hoy se convierte en el cuidado, por parte de los trabajadores del conocimiento, del cuerpo de la empresa9pero no como tal sino a través de la relación sentimental que ellos tienden a desarrollar con sus mismos proyectos (investigaciones, paginas, fotografías, dibujos, películas...). El trabajo de cuidado y el trabajo cognitivo, el trabajo emocional requerido en la economía de los servicios en la que se basa el biocapitalismo, desborda toda, en sinetsis, medida de la remuneración.

El valor de uso, de hecho – en cuanto lado material de la mercancía, común a las épocas de la producción más diferentes – requiere un análisis que, en un primer momento, parece trascender la economía política clásica. La cual, no casualmente, hasta un cierto punto no toma en consideración la categoría de trabajo emocional y trabajo de cuidado. Tal análisis vuelve  a parecer en el ámbito de la economía política justo cuando el valor de uso en sí mismo es modificado en las modernas relaciones de producción y, a su vez se inserta con modificaciones. Son éstas determinadas  relaciones que dan al valor de uso a la marca de la mercancía (es decir, lo transforman en valor de cambio).

La precariedad – la esclavitud de la cuerpo-mente inducida en la precariedad – ciertamente juega un papel no secundario en canalizar el elemento del afecto hacia el trabajo. Eso desarrolla la delicada función gubernamental de conquista la sumisión del sujeto dentro de un espacio público contaminado, y esto no debe ser obviado. Sin embargo el aspecto que podría resultar políticamente  interesante y para profundizar me parece que es la conexión (crossing) que pueda ser imaginada entre trabajo cognitivo desalarizado y el trabajo de cuidado que hoy en día está salarizado a través del recurso de asistentes domésticos y cuidadores. En un cierto sentido, el trabajo doméstico puede comenzar realmente a existir de verás como un objeto de estudio porque ha superado el marco interior de la familia. Mientras, por otro lado, debería ser redefinido completamente el concepto de trabajo, dado que la movilización de empatía y afecto, la producción de información y la transmisión de experiencia, la mercantilización de la cultura y el cuerpo  no son más que el resultado requerido por la totalidad del modo de producción biocapitalista contemporáneo. Desde los margenes en los que siempre ha estado relegado, incluso en la época fordista,  el trabajo de cuidado se reencuntra a la vez en la centralidad  de sus vinculaciones, al interior de una nueva situación que alguno sugestivamente llama “economía del trabajo a domicilio”10. Esta es también "afuera" mas allá que “dentro” del hogar:

“Una restructuración del trabajo que incluye muchas de las características atribuidas en el pasado a los trabajos hechos exclusivamente por mujeres. El trabajo es, literalmente, redefinido como femenino o feminizado, independientemente del hecho que quien lo desarrolla sean hombres o mujeres. Ser feminizado significa ser extremadamente vulnerables; significa ser capaz de ser desmontados y vueltos a montar, explotado como fuerza de trabajo de reserva, ser considerados más servidumbre que trabajadores, sujetos a tiempo de trabajo tpagado o no pagado, que se burlan del horario pactado”11.


Renta o sobre la remuneración contemporanea.
Es así que la cuestión de la renta toma forma y adquiere la importancia de un objetivo para el feminismo contemporáneo. El argumento, en virtud de los ejemplos hasta ahora expuestos, se convierte en los de la re-apropiación del valor producido de manera colectiva y no distribuido. El uso de factores productivos centrales en la contemporaneidad (afectos, relaciones, la cooperación) no es correspondida hasta ahora,  de manera adecuada  e imperiosa forma de distribución de la acumulación de ellos garantizada. Existe además la necesidad de revisar las dicotomías inadecuadas como aquella entre el trabajo productivo e improductivo (producción y reproducción) y también los mecanismos de creación de valor en el presente. Desde, por las mujeres, del trabajo  de cuidado, se constituye un ejemplo sugerente. Aprovechando el amor y la dedicación, las mujeres siempre se han hecho cargo siempre de las inadecuaciones de las formas tradicionales de remuneración del trabajo. En la epoca de las practicas generalizadas, del consumo y del “lenguaje como trabajo”, de la construcción de imaginarios hechos para compensar la miseria de la medida mediante la cual el trabajo es remunerado, del índice de crecimiento basado en el conocimiento, la asistencia, la mano de obra migrante invisible, la inseguridad generalizada, la cuestión histórica de la mano de obra gratuita - el trabajo no remunerado de las mujeres - asume nueva importancia y centralidad. Se convierte, como hemos dicho, en un patrón general de la producción contemporánea. Cuando razonamos de la des-medida del trabajo actual en el ciclo de acumulación flexible, vemos que el trabajo no remunerado es adecuado no solo para describir el trabajo domestico, sino un proceso que caracteriza la esencia de la actividad laboral contemporánea en su totalidad. La precariedad ha favorecido, en éstos años, el progresivo agotamiento de la dinámica salarial - igualmente dentro y fuera del lugar de trabajo. En un contexto estructuralmente precario, rentas y salarios dejen de oponerse, la petición de renta se convierte en un requisito mínimo para pensar en la ruptura con los patrones mutiladores como los que hemos descrito, y  forma de potenciación de procesos de la subjetivación y de auto-valorización fuera del cuerpo de la empresa, ademas que como forma de distribución de la riqueza producida colectivamente.

Si se puede dar una medida del valor del trabajo de cuidado de las mujeres, se da sólo por negación, se sustrae gracias al ahorro que permite al estado del bienestar. El equilibrio social depende de manera cada vez más evidente por la apelación a una serie de figuras que desempeñan funciones delicadase imprescindibles para la supervivencia de la especie dentro de un contexto de progresiva retirada progresiva de lo colectivo. Así que las características de la organización social-familiar que siempre ha representado Italia son exaltadas por el biocapitalismo, a través de un proceso de privatización completa de las necesidades sociales básicas. La sostenibilidad de la vida se confía a un trabajador migrante, y mientras esto permite, en primer lugar, el ahorro de las intervenciones para el Estado, por el otro permite la canalización de otros recursos en los mercados de trabajo nuevos. En cierto sentido, al igual que la financiación sustituye y se convierte en la forma de seguro social privado, el trabajo de cuidado de las cuidadoras, asalariados por la familia, se parece a una canalización de renta a nuevos mercados con el resultado de mejorar la existencia.

Declinar la renta desde un punto de vista de genero entonces significa entonces tener en cuenta el trabajo no remunerado de las mujeres y de su “devenir modelo” del trabajo contemporáneo. Significa tener en cuenta de bio-welfare, del estado del bienestar de los recursos humanos desde el cual se basa la entera organización social.
 
Notas

1Con el termino “biocapitalismo”, se refiere a un proceso de acumulación que se basa en la explotación no solo del conocimiento sino de todas las facultades humanas, desde las relacionales-lingüísticas hasta las afectivas-sensoriales. Se trata de una acepción mas ancha respeto al concepto mas utilizado de “capitalismo cognitivo”, que también nos parece adecuado a las actuales transformaciones productivas y sociales, que pero tiene el riesgo de ser malentendido por una supuesta relevancia del papel exclusivo jugado por el conocimiento. Por una análisis mas profunda cfr. A. Fumagalli, Bioeconomia e capitalismo cognitivo. Verso un nuovo paradigma di accumulazione?, Carocci,Roma, 2007; C. Vercellone (a cura di),Capitalismo Cognitivo, Manifestolibri, Roma, 2006; Y.Moulier-Boutang, Le capitalism cognitif. Comprendre la nouvelle grande trasformation et ses enjeux, Ed. Amsterdam, Paris, 2007
2Cfr. G.Caffentzis, S.Federici, “Note su edu-factory e capitalismo cognitivo”, in Aa.Vv., Università globale. Il nuovo mercato del sapere, Manifestolibri, Roma, 2008, pp. 143-150.
3Cfr. A. Picchio (coordinatrice), Lavoro non pagato e condizioni di vita, Ricerca Cnel, settembre 2000; A. Picchio, La questione del lavoro non pagato nel lavoro di servizio nel nucleo domestico, Cnel, 1997.
4Cfr. C.Marazzi Capitalismo digitale e modello antropogenetico del lavoro. L’ammortamento del corpo macchina, in Laville J. L., Marazzi C., La Rosa M., Chicchi F. (a cura di), Reinventare il lavoro, Sapere 2000, Roma, p. 107-126.
5Cfr. T.Negri, M. Hardt, La produzione biopolitica, 3 giugno 2000, http://www.globalproject.info/print-143.html
6Los textos de Delphy han sido publicados recién en Francia (2009). Se trata de textos nacidos entre el 1970 y el 1978. Vease C. Delphy, L’ennemi principal. Economie politique du patriarcat, Syllepse, Paris, 2009, p. 58
7En el recompilatorio de ensayos de Delphy (ob. cit) hay tambien “Travail ménager ou travail domestique?” a lo cual se refieren las citaciónes aquí reportadas (trad. aut.). Por cierto sobre este trabajo el autor escribe en una nota: “Parmi les premières publications, on relève en 1970: M. Benston, I. Larguia, C.Delphy, S. Olan, P. Mainardi… Depuis beaucoup d’autres ont suivi, trop nombreuses pour qu’on les cite toutes ».
8C. Marazzi, “Capitalismo digitale e modello antropogenetico del lavoro. L’ammortamento del corpo macchina”, in J.L. Laville, C. Marazzi. M. La Rosa. F. Chicchi, Reinventare il lavoro, Sapere 2000, Roma, 2005: pp. 107-126
9“La esfera del trabajo pretende ser como un cuerpo vivente, que necesita todo el tiempo, todo el cuidado, las palabras y las acciones. Un modo de producción que se ha vuelto un modo de ser, que habla en si de todo lo social, organiza tiempo y espazio, estructura los sistemas de valor”, in C. Morini “Donne e lavoro. Antidoti contro la malinconia sociale” in Posse, La classe a venire, Manifestolibri, Roma, ottobre 2007.
10Donna Haraway cita la dizione “economia del lavoro a domicilio”, riferendola a R. Gordon nella nota 38, p.94 di Manifesto Cyborg. Donne, tecnologie e bopolitiche del corpo, Feltrinelli, Milano, 1995; vedi R. Gordon, “The Computerisation of Daily Life, the Sexual Division of Labour and the Homework Economy”, relazione tenuta alla U.C.S.C, Silicon Valley Workshop, 1983; R. Gordon, L.Kimball, “High Technology, Employment and the Challenges of Education”, Working Paper n. 1, Silicon Valley Research Project, University of California at Santa Cruz, July 1985.
11D. Haraway, ob. cit, pag. 63



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