martes, 22 de marzo de 2011

No a la guerra de Libia

 Luca Casarini

En estos momentos, en estas horas estamos tratando de darle un significado a las palabras.
La primera palabra que debemos pronunciar sobre la cuestión libia y a la que debemos darle un sentido es la de "anti-guerra".
Debemos decir como siempre no a la guerra", como dato histórico, estructural, ligado profundamente a un sistema de gestión en el mundo así como a las relaciones que hacen a la vida y que nos imponen en términos globales. La guerra no es un hecho episódico en este mundo;  es inherente a la falta de soberanía del pueblo, es inherente a un elemento de la governance autoritaria, e inherente a las injusticias sobre las que se basa este mundo.
El "no a la guerra" está siempre y en todas partes presente, incluso, en este caso de Libia.
Todas las tesis y consideraciones sobre las formas en cómo se implementan las "zonas de exclusión aérea" son consideraciones propias de la estrategia militar. Es bastante ridículo discutir sobre si una "zona de exclusión aérea está bien, si debe  estar a una altura determinada o si está mal asignada desde la tierra."
Los hechos hablan de guerra, es decir del despliegue de una intervención militar que asume las características de una guerra.
Próximo a nuestro "no a la guerra" debemos saber también que todo es diferente con relación a las guerras que hemos conocido.
No es la guerra de Irak, ni la guerra de Kosovo. Hay diferencias muy profundas aunque sólo sea por el hecho de que ahora estamos en un mundo completamente diferente ante la perspectiva de la crisis. Se trata de una crisis estructural de la dinámica del mundo capitalista en la que se ponen en juego todas las hipótesis de orden mundial preexistentes y anunciadas.
Y es diferente de la guerra de Irak o de Kosovo, porque incluso el factor de policía internacional, de guerra preventiva o de guerra humanitaria se juega acá de manera completamente diferente a partir del hecho, por ejemplo, que esta intervención no estaba planificada.
Quien era Khadafi?
Khadafi era el hombre de Occidente, en particular de Italia, útil tanto para resguardar el control de una gran área de producción petrolera, como para el control del Mediterráneo desde el punto de vista del flujo de migrantes.
Era el mayor aliado de la margen Occidental, que actuó como parate ante los fundamentalistas islámicos, que construyó la posibilidad de gobernar y contener los flujos migratorios sobre la tortura y el terror y ser garantía económica de los mercados europeos, al punto de invertir una proporción importante de dinero en propiedades públicas de los diferentes países occidentales.
Igualmente como en el caso de Sadam, en este sentido, nos enfrentamos a un elemento que era totalmente funcional en este momento al mecanismo de control político y económico de una zona de Occidente.
A diferencia de Saddam Hussein, aquí nos encontramos frente a una situación en al que nadie quería atacar a Khadafi hasta hace un mes.
La situación creada ha sido producida, no podemos olvidar, a partir de la gran revuelta popular en Egipto y Túnez y que diera lugar al levantamiento popular en Libia.
Levantamiento popular que también está vinculado a condiciones históricas previas y no sólo al hecho de que estamos frente a una dictadura feroz, la del clan de Khadafi al interior de un panorama libio contradictorio con una presencia tribal precisa e históricamente determinada.
En todo caso, ha sido esta rebelión la que sirvió de base para la intervención militar de Occidente en Libia como está sucediendo.
Esta es el primer dato sustancial diferente a lo ocurrido en guerras anteriores. Se podrá argumentar que esto sucedió también en el caso de Kosovo, pero la situación es completamente diferente. No se puede hablar de similitud, ya que por ejemplo, si nos fijamos en los intereses específicos, el Gobierno italiano no quería entrar en guerra con Libia. No quería intervenir en la "protección de los insurgentes en Benghazi", e igualmente tampoco quería intervenir para determinar, mediante la guerra, un cambio de guardia en la realidad libia o al menos en la reapertura de la posibilidad de un enfrentamiento al interior de Libia (al estilo de la Cirenaica que combate contra Trípoli, dividiendo el país en dos).
Esta reflexión es determinante: esta guerra, repito, a la que debemos negarnos, está llena de contradicciones propias de la dinámica que asume la fase de la crisis capitalista.
Y también está absolutamente llena de imprevisibles, como la inesperada acción de aquellos estados que ni siquiera son parte de la OTAN, dividida ésta última internamente ante la forma y los intereses de la intervención.
Los que dicen por supuesto, que es una guerra por el petróleo, creo que olvidan que el petróleo ya estaba allí. Libia ya aseguraba absolutamente el petróleo libio.
Además de la presencia del Eni y de todos los intereses económicos de Occidente, parece clara la importancia del elemento de la revuelta popular, que no ha sido tenida en cuenta. La revuelta originada en Egipto (ayer millones de personas votaron por la reforma constitucional y aún tenemos que ver qué va a pasar), en Túnez (donde la situación está en continua evolución) es un elemento importante que demuestra cómo el carácter imprevisible de lo que sucede, determina los pasos que luego serán gestionados de una manera u otra.
Aunque estos pasos se manejen en ausencia de un plan estratégico de largo plazo.
Por supuesto, desde nuestro punto de vista debemos oponernos a la administración en términos de guerra, aunque no sobre la búsqueda de un mecanismo de solución política para eliminar los fantasmas de una masacre de civiles, característica de las guerras contemporáneas.
Pero también es claro que tenemos que analizar y entender lo que está por venir para no caer en soluciones fáciles que no convencen a nadie.
Decir que la guerra tiene consecuencias diferentes de lo que clásicamente pensamos, es observar, por ejemplo, lo que sucede en el gobierno italiano. El gobierno italiano se mostró reacio a la guerra, como lo era Obama ante una intervención, mientras que H. Clinton era la más decidida en los Estados Unidos.
Decir que el petróleo no tiene nada que hacer, resulta errado ya que esta guerra sobreviene en medio de la crisis nuclear y para el caso los países productores de energía nuclear tienen un interés particular en asegurarse las fuentes de petróleo. Pero decir que es sólo por esto y vinculado a ello, significa proyectar una dimensión organizada del imperialismo o del neo-imperialismo, que creo es insuficiente, es errónea.
Estamos en presencia de acontecimiento que fluyen de arriba hacia abajo y se mezclan.
Y se mezclan también al interior de una crisis mundial de governance, de la crisis de un proyecto unitario del mundo desde el punto de vista capitalista.
Se mezcla con la crisis nuclear.
Se mezclan con el problema de los flujos migratorios. Problema cada vez más mayor para una Europa que no quiere hacer frente a la desigual situación que presiona sobre los flujos del éxodo. Una Europa que hasta podría haber aceptado la llegada de miles de hombres y mujeres promoviendo una reabsorción de la dinámica del mercado de trabajo gestionándolo de otra manera, pero que sin embargo, está ahora más preocupada, en virtud de la fuerza que adquieren los posibles arribos.
Estos elementos, aunque nuevos, están presentes en un contexto de crisis.
Esta guerra ilustra sobre la ausencia de posibilidad y de protagonismo de la política en Europa. La guerra es la única señal política que conocen y que resulta fácilmente practicada por los Estados, los gobiernos y los militares.
Hay una ausencia de proyecto político en Europa. Se podría tentar una construcción de Europa a través de herramientas posibles de utilizar en términos concretos: una es la guerra, la otra es la dinámica monetaria. Sobre esta segunda alternativa existe el peligro que cruja bajo los embates de la crisis financiera. Estamos frente a una Europa que busca construirse a sí misma sólo a través de la guerra, a la que debemos oponernos impulsando la construcción de una Europa que conjugue soluciones políticas alternativas a las que se están produciendo. Y digo produciendo porque Khadafi es un producto enteramente occidental. Khadafi nace, como han explicado los historiadores, en un contexto de mecanismo postcolonial, pero su transformación y utilización como dictador sanguinario se transformó en los últimos años en una clave para los intereses occidentales. Una de las cuales tiene que ver, por ejemplo, con el preponderante papel de Finmeccanica en el contexto de Libia en los últimos años. En estos momentos los misiles occidentales están bombardeando los puestos militares compuestos en su totalidad por la marca Finmeccanica. En este informe están bien documentados. Este último comentario, sólo para plantear que no todo es producto de la CIA, y que  en este caso pertenece a un país que está en grandes dificultades, tanto internas como externas desde el punto de vista internacional. Si se dice que la rebelión toda es un gran diseño de la CIA deberían leerse los informes de Bengasi para entender cuál es la realidad del asedio, de los bombardeos y que la gente se rebeló porque pretende autonomía con relación a Trípoli; quiere la oportunidad de decidir por sí misma. Todo esto ha sucedido y está sucediendo.
Todo esto abre las grandes preguntas, porque, como hemos dicho también en nuestros llamamientos anteriores, estamos en contra de los dictadores que dispararon contra una multitud que quiere la democracia como es el caso de Yemen; como sucedió en Egipto, Túnez, Libia, pero estamos en contra de la guerra como la única solución para crear la democracia, porque es obvio que se convierte en otra cosa.
Es obvio que este mecanismo tiene que ver con el petróleo, con la crisis nuclear.
Cuando la guerra es la que decide se entra dentro de todo aquello que conocemos.
Debemos construir nuestra respuesta de una manera diferente, sabiendo que el panorama es completamente diferente de lo que hemos conocido hasta ahora.
Las cosas suceden y cambian todos los días.
Lo demuestra también la cuestión nuclear. ¿Quién hubiera dicho hace dos semanas, que estaríamos ante la más grande crisis nuclear jamás conocida que afecta las opciones estratégicas de los planes futuros de energía?
Estamos hablando de un inesperado suceso que acontece; no estamos hablando del tsunami. Dentro de esta crisis pueden acontecer cosas que pueden llevar a cambios rápidos y a grandes agitaciones. En ausencia de una dinámica estructural uniforme puede pasar cualquier cosa. Cómo puede suceder de todo en este momento en la dimensión libia. Mientras hablo, se comenta, que se han suspendido los bombardeos y podría suceder que se abra una solución o que, teniendo en frente a un loco sanguinario inestable, se desemboque en una carnicería.
Nuestro "no a la guerra" está históricamente determinado, porque sabemos que la guerra no puede ser simplemente una respuesta a un mundo enmarcado en sus problemas y que no puede abrir una perspectiva positiva.
Pero cuál es nuestro "no a la guerra", ¿qué podemos rechazar de inmediato, ¿qué podemos hacer?
¿Tenemos que estar aquí una vez dicho "no a la guerra" para actuar sobre cuales son las mejores estrategias militares que deben construir los estados? Tenemos que estar aquí y ver lo que técnicamente significa decir guerra o el apoyo en defensa de una ciudad? ¿O debemos preocuparnos por lo que es nuestro papel, sobre lo que falta?
Esta guerra también se ha llevado adelante porque en la opinión pública no hay posibilidad de dar apoyo a un dictador como Khadafi. Pero aquello de lo que no se habla y aparece como un faltante en el análisis y que no se menciona es el elemento que ha sido tomado como rehén. Han sido tomados como rehenes el cuerpo y la vida de miles y miles de refugiados de guerra procedentes de Túnez, del Magreb y que próximamente vendrán de Libia. Son tomados como rehenes por una geografía como la de Lampedusa  y, a continuación por los campos de concentración como el de Mineo.
Creo que este elemento de asilo político debe asumirse como nuestro "no a la guerra."
En el plano práctico debemos partir también de nuestra próxima asamblea en Roma sobre la huelga del 25, e inmediatamente crear una sinergia de la reflexión, porque la huelga significa construir una oposición social por el derecho a la democracia en este país que debe confrontar igualmente con lo que está sucediendo en Libia y también en Japón. Son cosas relacionadas entre sí y se necesita construir una articulación, un discurso.
En este marco, nuestro "no a la guerra" no puede declinarse sino bajo la idea que tenemos que construir acciones de masas, de desobediencia social y acción concreta para sacar a los refugiados y a quienes soliciten asilo de los lugares cerrados, para que puedan andar por Europa, por donde ellos deseen.
Creo que esto es hoy la declaración de "no guerra".
No hay necesidad de defender los eventos existentes en Libia o eventos que digan "no a la guerra" sin dar respuesta a los que están en Bengasi.
Creo que hoy lo que podemos hacer y que restringe el alcance de la guerra, afirmando una verdadera democracia, es la ampliación del asilo político. Tenemos que ir a Sicilia, en una gran manifestación al Mineo a sacar a la gente y ponerla en Francia, Alemania.
Se trata de acciones encaminadas a violentar la frontera.
Debemos vigorizar la figura europea del asilo político frente a lo que ocurre en Egipto, Libia, Yemen.
El marco en que nos movemos es la crisis que produce eventos impredecibles.
Pensemos también en Japón. Los tsunami ocurrieron en el pasado, pero no eran nucleares ..  pero esto no es lo inesperado. Lo inesperado es que no hay una posible respuesta. No se puede reabsorber los efectos en un plan estructural uniforme. Hoy en día es posible poner en la mesa el debate nuclear, como lo demuestra el repentino cambio de las posiciones no sólo europea, sino también del propio gobierno italiano como es el caso de Veronesi.
Todo esto nos hace pensar que los escenarios están abiertos y se puede actuar desde abajo, como ha sucedido en el Magreb.
Se ha pasado del besamanos a Khadafi al bombardeo. Pero eso ha ocurrido porque se ha producido una revuelta, si la población libia no se hubiera rebelado no hubiera existido el problema de la guerra con Khadafi, quien era comprable, comprado y funcional. Lo que está sucediendo en Italia así como en otros lugares debe leerse tras la dinámica interna del choque contra Berlusconi si no ¿cómo podemos explicar la persistencia de la izquierda contra Khadafi, quien también tenía buenas relaciones, incluso en el gobierno de Prodi? Khadafi era un dictador, incluso antes, cuando tuvo el desafío de la Sapienza y cuando ya era útil para detener a los migrantes.
Aunque debemos conjugar nuestro "no a la guerra" de una forma madura, adecuada al momento.
El "no a la guerra" aborda también el problema de la producción de armas en nuestro país. Un problema que también afecta a miles de trabajadores que trabajan en el interior.
Debemos aprovechar la cuestión nuclear para la construcción de una práctica para la energía alternativa.No podemos simplemente depender de un desastre, tenemos que invertir la Shock Economy para decir que ya es hora de practicar una energía alternativa. Eso significa apoyar a los trabajadores de los sectores de producción de energía alternativa contra la reducción de los incentivos
Tenemos que ser productores de energía dentro de nuestro espacio ocupado y liberado.
Además de ganar la batalla contra la energía nuclear, debemos fomentar las alternativas al petróleo, más allá de la puesta en capilla de la energía nuclear.
En este marco, el "no guerra", como dije debe plantear el problema de los refugiados.
Hago un llamamiento a todos los que están diciendo "no a la guerra" para discutir cómo atacar desde la perspectiva civil los campos de concentración y forzar las fronteras europeas. Son miles las personas que no pueden ser tratadas como accidentes en el camino de su contención.

Trad: César Altamira

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