martes, 31 de mayo de 2011

¿Por qué Marx?


ANTONIO NEGRI


¿Por qué Marx? Porque el diálogo con Marx es esencial para quienes colocamos la lucha de clases en el centro y / o en condiciones subordinadas al imperio capitalista y nos proponemos hoy una perspectiva comunista. La enseñanza y el debate con Marx es crucial por tres razones.

La primera es política. El materialismo marxista permite desmitificar toda concepción progresiva y consensuada del desarrollo capitalista y, por el contrario, afirmar su carácter antagónico. El capital constituye una relación social antagónica, y las políticas subversivas que se colocan "dentro" de esta relación sumergen en la misma medida al proletario, al militante, al filósofo. El Kampfplatz (campo de batalla) es "en y contra" el capital.

La segunda razón por la que no se puede renunciar a Marx es crítica. Marx sitúa la crítica en la ontología histórica, construida y siempre atravesada por la lucha de clases. La crítica es, pues, el "punto de vista" de la clase oprimida en movimiento, permite seguir el ciclo capitalista, comprender la crisis, describir la "composición técnica" de la clase oprimida y, eventualmente, organizar la " composición política " en la perspectiva de la revolución. La autonomía “del punto de vista de clase” se encuentra en el centro de la crítica.

La tercera razón para permanecer en Marx es que su elaboración teórica ha permitido en el siglo pasado continuar profundizando la crisis del capitalismo maduro en su doble forma (liberal y socialista) y en conjunto organizar los movimientos de liberación contra el poder colonial y el imperialismo.

Hoy en día, la teoría marxista enfrenta a la conmoción de la organización del trabajo y de los mercados, de la división del trabajo y de la geografía del poder, en definitiva, con una nueva configuración de la clase en lucha. Se trata de comprender si la teoría marxista, frente a las nuevas figuras de la explotación, puede darse el lujo de aprehender los puntos de la crisis y, en consecuencia, liberar una adecuada imaginación del "común". Después de la derrota del socialismo soviético, necesitamos una nueva teoría de la "valor-común".

En este artículo, resulta imposible desarrollar un discurso completo sobre cada uno de los argumentos propuestos; me limitaré a dar - en cada punto - un ejemplo de El Capital de Marx.

Trabajando las secciones IV, V y VI del Libro Primero de El Capital (cap. 10-20), donde Marx define el plusvalor relativo y analiza el sistema de formación de la "gran fábrica", nos podemos aproximar a la constitución de un punto de vista político de Marx y, conjuntamente, a su definición de la política de clase.

Ahora bien, debido a que el tránsito de la extracción de plusvalía absoluta a la de plusvalía relativa modifica radicalmente la relación de magnitud entre las dos partes de la jornada de trabajo (tiempo de trabajo necesario y plustrabajo), este pasaje debe derivar de una revolución en las condiciones de producción tanto en las formas de valorización como en las de los procesos de trabajo. Se acorta el tiempo de trabajo requerido socialmente para la producción de una mercancía, por lo que se requiere una menor cantidad de mano de obra para producir una mayor cantidad de valor de uso. Este punto significa una radical modificación del capitalismo: asumir una figura de máquina que desarrollando plusvalor relativo, inviste y transforma la sociedad en su conjunto. Sobre esta base, Marx considera la construcción del pasaje de la manufactura a la gran industria y la consiguiente subsunción de la cooperación resultante del trabajo bajo el control exclusivo del capital. Esto crea las condiciones para un enorme incremento de la plusvalía, y para el sometimiento de una multitud de trabajadores a la disciplina del capital, así como para el dominio y extensión progresiva del despotismo patronal en la sociedad. El proceso de implementación de la extracción de plusvalía relativa no cubre solamente la división de la jornada laboral del trabajador entre el trabajo necesario y el trabajo excedente: revoluciona también de arriba hacia abajo los procesos técnicos del trabajo y los reagrupamientos sociales. Si de un lado, el cuerpo laboral en función en la fábrica deviene una forma de existencia del capital mismo, por otro lado, a la división del trabajo en la fábrica le debe corresponder una adecuada división social del trabajo. Vale decir, que también fuera de la fábrica, la vida social se ve subsumida por el capital, primero de manera "formal" y luego de manera "real". La naturaleza misma se encuentra completamente sometida al modo de producción capitalista, así como lo están la agricultura, la industria moderna, etc. etc.

Sin embargo, esta genealogía de la plusvalía relativa y esta expansión de la gran industria, que parecen invencibles, tienen, por el contrario, un origen histórico muy bizarro. El capital, de hecho, para producir debe incorporar el material humano y ha tratado de hacerlo en la historia (que siempre se repite) desde sus orígenes, prolongando sin medida el tiempo de trabajo y extendiendo la apropiación de la fuerza de trabajo adicional, el trabajo de las mujeres y de los niños, por ejemplo, en la primera fase de la acumulación industrial en Europa. En estas circunstancias la supervivencia misma de la "raza obrera" fue puesta en peligro a causa del desarrollo feroz de la explotación. Marx habla del holocausto del proletariado. Nace la resistencia. El propio pasaje de la manufactura a la gran industria - dice Marx – está determinado por la rebelión de los obreros. De hecho, es lo que pasó. Debió intervenir el Estado, con la fuerza de la ley sobre los capitalistas y reducir el tiempo de trabajo. Podemos añadir: para hacerles comprender que la vida de los trabajadores no es solamente materia bruta, sino actividad vital históricamente consolidada y calificada y, sobre esta base, resistente.

Cuando surge la resistencia de la fuerza de trabajo, el cuadro entero (hasta aquí descripto en estas secciones de El Capital ) se modifica. No se trata solamente del acontecimiento histórico del pasaje de la extracción de plusvalía absoluta a la extracción de plusvalía relativa; no es sólo el nacimiento de la gran industria, del sistema de fábricas, del modo de producción de la gran industria. También se destaca, con la expansión de esta nueva figura de capital, su estructura interna de relación social antagónica. Las categorías que definen el capital, de hecho, aparecen duplicadas, una vez que se miran no sólo desde la perspectiva del poder del capitalista, sino también desde el punto de vista del trabajador, de su resistencia, de su potencia. Mejor dicho: el capital se muestra aquí, más que como un "organismo objetivo" o un déspota irresistible, como parte de un juego que incluye dos jugadores ya que “aquello que los obreros pierden parcialmente, en contraste con ello, se concentra en el capital", como enemigo de los trabajadores. De un lado está el explotador, del otro el explotado.

Volvamos a la "duplicidad" de las categorías, aunque sin asumir un cuadro completo proponiendo simplemente algunos ejemplos. Se ha visto a través de la definición de la plusvalía, como el plusvalor se opone al trabajo necesario, pero estas definiciones, estas abstracciones son consideradas dentro de la materialidad de la relación del capital para medir inmediatamente el antagonismo. La fuerza de trabajo cuando se encuentra en el punto de la jornada trabajo en el que considera que ha trabajado lo suficiente para obtener su salario necesario para la auto-reproducción, se niega a trabajar de más y se debe obligarla a hacerlo. Si esto es cierto, se deduce que en el proceso de producción la relación entre el proceso de trabajo y el proceso de valorización, entre la organización del trabajo y la organización de la explotación, es siempre conflictiva. En consecuencia, al mismo tiempo, que la fuerza de trabajo deviene más productiva, debe ser socialmente debilitada, expuesta a la sobreabundancia y a la competencia de otras fuerzas de trabajo y por ello sometida a una mayor presión. Esto no quiere decir que la fuerza de trabajo en este punto, haya alcanzado, frente a la represión capitalista, formas más elevadas de la conciencia y haya madurado, con mayores niveles de productividad, una mayor capacidad de resistencia. Por lo tanto – en la narrativa marxiana – se está ahora en condiciones de imponer una reducción de la duración de la jornada laboral y aumentar la masa salarial. El plusvalor relativo deriva de la lucha.

Con el advenimiento de la producción basada en la extracción de plusvalor relativo se requiere la intensificación de la cooperación de los trabajadores, ya que es a través de la cooperación de la fuerza de trabajo que la productividad del trabajo aumenta. Y si la cooperación está siempre acompañada por la división capitalista del trabajo, entonces ésta se presenta como un elemento contradictorio frente al capital. La relación antagónica que constituye el capital es, en este caso, profundizada socialmente. La relación capitalista, que siempre puja por establecer la cooperación y la subordinación, no puede ocultar la oposición y bloquear la expresión - de modo que la resistencia contra la explotación en el proceso de trabajo es mayor aún por la conciencia política que la cooperación produce.

Una vez más, la fuerza de trabajo muestra su poder, especialmente en relación con las máquinas, porque cuando la máquina, en su relativa independencia, transmite valor al producto, y lo que transmite es siempre trabajo muerto, sólo la actividad del obrero, del trabajo vivo, permite que las máquinas sean productivas.

En resumen, el despotismo capitalista, tanto en la fábrica como en la sociedad, no puede dejar de lado el valor de uso del trabajo obrero, de la fuerza de trabajo, tanto más mientras se promueva la fuerza productiva social del trabajo. La relación capitalista está siempre sometida a esta contradicción-que puede siempre explotar - y que cotidiana, banal, pero efectivamente, se presenta en la cuestión de los salarios. Cuando se determina de hecho el proceso de compra de la fuerza de trabajo en el mercado capitalista, se destaca inmediatamente que se produce sobre un intercambio desigual, un intercambio conflictivo. Y si hasta ahora nos hemos abocado a la lectura de los capítulos 10 a 20 del Primer Libro de El Capital, permítaseme recordar cómo en el capítulo 8, Sección III del Libro Primero de El Capital, Marx, con referencia al análisis teórico de los Anales fabriles, deja claro como, con relación a la duración de la jornada de trabajo, ésta siempre se alcanza mediante una antinomia en la fábrica: derecho contra derecho. Para concluir diciendo que entre derechos iguales decide la fuerza. Dicho de una manera más categórica, en términos precisos de la Crítica de la Economía Política, aquí entonces, "en la división entre los salarios y la plusvalía, sobre la que se funda sustancialmente la tasa de ganancia, ejercen una acción decisiva dos elementos completamente distintos la fuerza de trabajo y el capital; que son funciones de dos variables independientes que se limitan la una a la otra, y de su misma diferencia cualitativa proviene la distribución cuantitativa del valor del producto "( El Capital , libro III, sección V, cap. 22).

Tomando al salario como "variable independiente" al interior de la relación capitalista, he aprendido a hacer política. Y muchos otros, conmigo. Este descubrimiento del antagonismo, de esa contradicción insoluble que puede ser agitada desde la perspectiva de la fuerza de trabajo en general, de la clase obrera, representó el dispositivo esencial que permitió que la investigación política, mejor dicho la co investigación junto con los explotados, pudiera desarrollarse; y extenderse más allá de los temas de la organización, desde las luchas en la fábrica hasta las luchas sociales, desde los objetivos salariales hasta aquellos de las luchas por el bienestar, de la respuesta a las restricciones impuestas a la libertad de las luchas obreras, a la revolución de las condiciones de libertad de la vida ... No hay leyes objetivas a respetar; se trata de desarrollar aquella variable independiente (material y política) que la producción de la lucha revolucionaria determina: proyectos constituyentes a realizar, siempre dentro de aquella liberación de los / del trabajo que constituye –ella misma- la sociedad y la historia.

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La cita del libro tercero efectuada anteriormente nos lleva a discutir sobre la función crítica que produce el ejemplo de Marx: encontramos allí el sello del antagonismo del capital y de la fuerza de trabajo, "variables independientes" que se limitan recíprocamente, sobre la base de la mutua "diferencia cualitativa". Aquí encontramos una drástica declaración marxiana que nos proponemos comentar: "el verdadero límite de la producción capitalista es el propio capital" ( El Capital , Libro III, Sección III, capítulo 15.). Si esta afirmación es fundada, el dispositivo interno crítico del marxismo, debe ser informado.

Tenemos presente ahora toda la Sección III, Libro Tercero, de El Capital (capítulo 13-14-15), dedicada a la discusión de la "ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia", sin pretender por ello, “una vez más” volver a la controversia que acompañara dicha formulación a lo largo del siglo, sino simplemente asumir la discusión marxista, incorporando la desmitificación del capital (que es el verdadero límite de su propio desarrollo) y la crítica práctica del desarrollo capitalista (construido, y puesto en crisis, a partir de la resistencia obrera -una crítica que se mueve "en y contra" el capital); por lo tanto, la autonomía desde el punto de vista obrero.

¿Qué dice la ley? Demuestra que la tasa media social de ganancia tiende a disminuir a medida que se produce la progresiva concentración del capital, a causa de la ampliación progresiva del capital constante en relación con la ampliación de capital variable, el trabajo vivo. El "capital como límite" a su propio desarrollo, no es un hecho ocasional o patológico. Marx, por otra parte, no adhiere al registro de las consecuencias catastróficas de la ley. De hecho, a primera vista, la ley describe el gigantesco progreso de la organización capitalista: "su consecuencia más importante es que la ley exige una creciente concentración del capital y, por consiguiente la descapitalización creciente de pequeños capitalistas. Este es generalmente el resultado de todas las leyes de la producción capitalista. Despojado del carácter antagónico que le da la producción capitalista, ¿qué significa este hecho, este progreso de la centralización? Simplemente significa que la producción pierde su carácter privado y se convierte en un proceso social, no de manera formal sino de verdad, en la medida que la producción está presente en cada intercambio social, debido a la dependencia absoluta entre los productores y a la necesidad de representar su trabajo como un trabajo social abstracto (dinero ) Puesto que los medios de producción utilizados son usados como medio de desarrollo social, a través de su relación con la producción , dejando de lado las propiedades de las personas, los esfuerzos se llevan a cabo en la escala social "( El Capital , Libro III, Sección III, cap. 13). Por otra parte, el carácter meramente tendencial de la ley se acompaña de una serie de medidas contra tendenciales eficaces.

Pero, entonces, ¿cuál es la importancia de la asociación de la ley del desarrollo y de la ley de la tasa decreciente de la tasa ganancia desde el punto de vista crítico? Es la de determinar, al interior del desarrollo, el funcionamiento antagónico de la relación fundamental. La forma esencial del desarrollo, será aquella que marca la existencia de la confrontación entre la existencia obrera dentro del capital y la contradictoria necesidad capitalista de asociarse y reprimir su presencia. La asociación de la ley del desarrollo y la caída de la tasa de beneficio significa poner en primer plano este antagonismo. El proceso de concentración pone de manifiesto la importancia fundamental, mostrando cómo la reorganización del capitalismo en torno a la extracción de plusvalía relativa no es otra cosa que gobernar los polos antagónicos: la resistencia obrera y la necesidad capitalista de contenerla y restringirla para su propio crecimiento. De este antagonismo objetivo a aquel otro que se expresa en la lucha de clases, el camino puede ser largo: pero en cualquier caso, es cualitativamente homogéneo. La proyección marxiana de la contradicción, en la ley de la caída tendencial de la tasa de ganancia, no se revela como la última señal de una crisis necesaria, sino más bien como un primera aproximación a la definición que incorpora no solo el momento objetivo, sino también la columna vertebral del desarrollo, la relación capital-trabajo. El ejemplo que Marx daba sobre la realización inmediata de la ley y sus efectos sobre la profundización de la contradicción, a saber, la previsión sobre el aumento del ejército industrial de reserva y el empobrecimiento extremo de las masas – era un ejemplo que sólo podía estar vinculado a ' la experiencia de su tiempo, a la experiencia de una clase obrera que todavía estaba confinada principalmente a un movimiento de resistencia espontánea que luchaba por conseguir el poder político. Pero entonces, esta predicción no era ni determinista ni catastrófica, "una ley abstracta de la población sólo existe para las plantas y los animales, en la medida en que el hombre no interviene trayendo la historia." Entonces, cuando el tamaño y la calidad de las relaciones de clase fueron alteradas sustancialmente por los acontecimientos de las luchas revolucionarias, la fuerza de la formulación marxista explotará con todas las riquezas de su fundación crítica: "la tasa de ganancia puede caer, independientemente de la competencia entre capital y trabajo, pero la" única competencia que puede hacerla caer es sola ésta ", concluye Marx en un comentario a Ricardo. Porque cuando, en respuesta a la lucha de la clase obrera, el capital está obligado a proceder al más alto nivel de la concentración y, con él, al límite de una igualdad general de la composición orgánica, entonces, "las tasas de ganancia (estarán) entre sí en «idéntica proporción a la masa de plusvalía." Cualquier otro término será eliminado.

Pero aquí no termina la historia. La centralización por un lado, del capital constante, es decir, del poder capitalista y, por el otro lado, la socialización del capital variable, del trabajo vivo se ha venido afirmando más allá del borde extremo temporal del pensamiento marxista. La comprensión esencial de los nuevos tipos de "composición orgánica" del capital – es decir la nueva relación reiterada a través de la recíproca transformación del capital variable y del capital constante, del trabajo muerto y del trabajo vivo, ha demostrado ser la cuestión fundamental. ¿Cuál es la nueva articulación antagónica del desarrollo capitalista a la sombra de la crisis capitalista y de la resistencia obrera? Desarrollando el método de la crítica marxista nos parece que el elemento fundamental que distingue a la forma actual del desarrollo capitalista de los anteriores, es el hecho que la cooperación social productiva (en el pasado producida directamente por el capital) ha adquirido una cierta autonomía. Vamos a explicar.

En la historia del modo de producción capitalista, es siempre el capital el que impone la forma de la cooperación. Que debe ser funcional a la forma de explotación. Sólo sobre esta base, el trabajo se convierte en productivo. Incluso durante el período de la acumulación primitiva, cuando el capital se hace cargo de las formas existentes de la organización del trabajo y lo somete como tal a la valorización, es él quien impone las modalidades de cooperación que consisten en la eliminación de las relaciones previamente establecidas. Pero ahora la situación ha cambiado completamente. El capital se ha convertido en una potencia financiera, de captación del plusvalor socialmente producido. Alrededor de este proceso altamente centralizado, se desarrollan momentos antagónicos de auto valorización radicalmente autónomos que el poder económico y político busca mantener juntos y sometidos al despotismo del capitalismo. El elevado aumento de la composición orgánica del capital se proyecta de manera completa sobre lo social para controlarlo. Primero la automatización y luego la informatización han superado los procesos de mecanización y han impuesto figuras inmateriales de control. Si la automatización participa aún de la vieja economía política de la valorización a través de la máquina, con la informática, este horizonte se ha superado: la mercancía deviene más transparente - por el otro lado surgen sectores sensibles, siempre más y más sensibles a la autonomía de la cooperación social y a la autovalorización de los sujetos proletarios, a la exaltación de la microfísica individual y colectiva. El carácter productivo de la fuerza de trabajo no tiene ahora necesidad de expresarse, de ser puesta en conexión con los medios de producción a través de su propia compra y venta por parte del capitalista. Más aún, no sólo en este caso se convertirá en productiva. Todo esto nos lleva a considerar como una hipótesis (con un grado avanzado de verificación) que el antagonismo entre la cooperación social del proletariado y el comando (económico y político) del capital, dándose también al interior del proceso productivo, está fundado ahora más allá de ellos, en el movimiento real de lo social. La cooperación social no solo anticipa el movimiento económico y político del capital, sino que le preexiste, se establece como autónoma.

Es evidente que cuando en nuestra discusión llegamos a una conclusión de este tipo sobre la ley marxiana de la caída tendencial de la tasa de ganancia, no tenemos la intención de exaltar – en contraste con el pesimismo que a veces ha sido leída- las magníficas consecuencias que esta conclusión produciría. Y no queremos, para convalidar nuestro razonamiento, ni siquiera repetir el ejercicio literario (en ocasiones muy nuestro) de referenciar las páginas de los Grundrisse sobre el "individuo social que aparece como el gran fundamento de la producción y de la riqueza" o "sobre al capital fijo que es el hombre mismo. " (Trad H. Lefebvre, 185.199 vol. II, p.) - incluso nos molesta el hecho de que a menudo se nos considere "locos" en lugar de muy utópicos ... Nos interesa hacer hincapié (como la crítica aquí nos dice) que el desarrollo capitalista ha alcanzado un nivel de fragilidad extrema, una desproporción entre los elementos que constituyen el capital, difícilmente atribuibles a su tamaño - y donde, consecuentemente, el capital renueva la búsqueda del fundamento material para un nuevo período de explotación. Sin embargo, "... el hecho de que el capital sienta cada límite como un obstáculo y luego trate de superarlo idealmente, no deriva del hecho que aquel límite sea realmente superado: y como cada límite contradice su propia determinación, así la producción se mueve de un lado entre contradicciones que constantemente supera y que, por el otro, constantemente re propone. Y no sólo esto. La universalidad a la que el capital tiende sin cesar encuentra los límites en su propia naturaleza; en un cierto nivel de desarrollo, revela que él es el mayor obstáculo a esta tendencia y que lo empuja a su propia superación” (Grundrisse , Dietz Verlag , Berlín 1953, p. 313-314, mi traducción) ¿Por qué no debemos, a través de la crítica marxista, buscar un nuevo punto de apoyo a la revolución comunista?

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La tercera razón para referirnos a Marx está en el hecho de que es a través de la teoría - que para nosotros es también desarrollo de los principios y ejemplos trazados en El Capital – como mejor podemos tender un puente entre el presente y el futuro. Como hemos avanzado anteriormente aquí sugerimos un ejemplo en esta vuelta al tratamiento del segundo libro de El Capital. A través del análisis de la circulación de las mercancías y de la socialización de la explotación del trabajo, nos proponemos esbozar puntos antagónicos de la construcción del "común".

Si suponemos que el trabajo social ha sido subsumido por el capital no sólo "formalmente" (donde la concatenación de su estructura permanece en su especificidad individual), sino de manera "real" (es decir, a través de la cooperación de una multitud de extraños, ahora incapaces de reproducirse por separado); si suponemos que la sociedad está subsumida "realmente" en el capital - lo que significa que lo hace de una manera que no sólo cambia su forma exterior, sino las formas de producción y reproducción de la propia sociedad - se deduce que no podemos tener en cuenta estos cambios (como sucede a menudo) sólo en términos "fetichistas", "irracionales". [Hay que reconocer, sin embargo, que el propio Marx a veces ha extremado el punto de vista fetichista. Por ejemplo: "Es en el capital productivo de interés que la relación capitalista alcanza su forma más exterior y asume la apariencia de un fetiche ... D - D ': es la fórmula originaria y general del capital, condensada en una expresión privada de sentido ... una cosa ... un fetiche automático "( El Capital , libro III, sección V, cap. 24). Hay que reconocer que el carácter de "fetiche" está mejor construido por Marx en el Tercer libro, más que en el Primero de El Capital]. Por lo tanto, debemos tener en cuenta la subsunción de la sociedad en el capital de una manera real - debemos asumir el funcionamiento del capital a nivel social y sobre este terreno identificar las formas de producción de valor, la extracción de la plusvalía, y, a partir de acá, el modo y la articulación de la relación de la fuerza de trabajo y el capital.

Es por eso que Marx vuelve a las teorías del ciclo económico - y, en particular al estudio del Tableau Economique de Quesnay - para resaltar (lo que parece muy claro en las fórmulas cíclicas) el carácter social del proceso de producción capitalista. En la fórmula M - M' (referida al consumo social individual y colectivo), Marx señala que cuando nos encontramos en la subsunción real, "la transformación es el resultado no de un movimiento puramente formal, que forma parte del proceso de circulación, sino de la transformación real que la forma de uso y el valor de los elementos constitutivos del capital productivo han alcanzado en el proceso de producción "(El Capital, libro segundo, sección I, cap. 3). Sobre este mismo punto Marx insiste continuamente, haciendo hincapié que el establecimiento del capital social global representa una verdadera y propia “revolución del valor", y que el resultado de este movimiento afecta a la parte constitutiva del valor del producto social - tanto en términos de cambio como de uso (ibidem, Sección III, cap. 20). "El movimiento del capital global es por tanto una abstracción in actu" – allí donde por "abstracción" se entiende la capacidad del capital social para recomponer toda revolución del valor, toda transformación violenta, todo intento de volverse autónoma de una fracción del capital- (ibidem, Sección I, cap. 4).

Este paso es tan esencial en el análisis del capital (para reconducir la relación producción-circulación a la matriz de la valorización) que, dice Marx, una vez llegados a este punto, una vez asumida la complejidad del capital social, "exigimos una manera diferente de investigación "(ibídem, Sección I, cap. 4). ¿En qué consiste esa otra forma de investigación? En considerar las categorías de análisis ya no más genéticamente sino como función del antagonismo del todo social. Es sólo a partir de este punto que la teoría se convierte en un arma de lucha de clases. Un enfoque similar ha sido ya desarrollado (como se ha mencionado) en el primer volumen de El Capital; aquí el método se profundiza. De ello se deduce inmediatamente que el capital ya no puede ser considerado como el resultado de un proceso “competitivo” que lo determinará, como si las leyes que lo rigieran fueran consecuencia de la guerra que los pequeños industriales entablan los unos contra los otros. No, de hecho, las leyes que rigen el capital social son sólo aquellas que nacen del antagonismo de la lucha de clases. El paso de la subsunción formal a la subsunción real de la sociedad en el capital colectivo comporta ahora, como primera y fundamental consecuencia, que el "despotismo" capitalista sobre la clase obrera en la fábrica se extienda a la sociedad, eliminando aquella "anarquía" que inicialmente parecía ser hegemónica en el juego del mercado. Esta anarquía produce los faux frais de la producción que son, - así como en general todos los fenómenos de utilidad complementaria ("externalidades") – reconducidos ahora, en algunos casos, a simple “positividad” o, en otros casos, eliminados, con el fin de configurar la plenitud del poder del capital social.

Es sobre esta base que Marx retoma los nuevos esquemas de reproducción de Quesnay -una versión numérica de los del Tableau Economique (El Capital , Libro Segundo, Sección III, capítulo 20-21.). Estos esquemas equilibran (dentro del sistema capitalista) una primera sección que produce “Medios de Producción" y una segunda sección, que produce "los bienes de consumo". A fin de que el sistema funcione sin problemas, es evidente que no sólo la demanda total debe ser igual a la oferta total, sino también que la totalidad de la demanda de una sección debe ser igual a la producción total de esa misma sección. Este es el caso de la "reproducción simple", es decir, un estado de cosas en el que todo sigue siendo lo mismo de un año a otro: si el capital constante consumido en ambas secciones es igual a la producción de la primera sección, y si los ingresos totales de los trabajadores y los capitalistas de las dos secciones (que debe ser consumido por completo, porque las condiciones no han cambiado) debe ser igual a la producción de la segunda sección.

Pero cuando, en la "reproducción ampliada" - donde los capitalistas no consumen toda su renta, sino que reinvierten una parte, toda la proporción cambia y el equilibrio no resulta fácil de encontrar. De hecho, es muy difícil de solucionar, incluso si los capitalistas buscan constantemente restaurarlo con nuevas inversiones y nuevos consumos. En la historia de las interpretaciones del marxismo, este paso (el de la reproducción ampliada) se ha convertido en el "capeador de tormentas" - porque, a partir de Rosa Luxemburgo, no parece evidente esta formulación marxista. De hecho, parecía estar en contradicción con el antagonismo que en Marx constituía el corazón de la categoría de la crítica. De hecho fueron varios los intentos de historizar y dar nueva forma a estas desproporciones y desequilibrios. Luxemburgo, en particular, mostró cómo el equilibrio se volvía imposible si, frente a la consolidación de los movimientos y de las luchas sociales de la fuerza del trabajo, el capital no hubiese asegurado (bajo la explotación colonial) nuevas fuentes de explotación para equilibrar el ciclo.

Del mismo modo, consideramos que, en la reproducción ampliada del capital, se confrontan de una nueva forma dos fenómenos que ya hemos visto cuando estudiamos la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia (es decir, por un lado el aumento del tamaño en valor del capital constante y con ello el incremento y masificación de la composición orgánica del capital y, por otro lado - en contraste – el aumento de la potencia productiva de la fuerza de trabajo, la autonomía relativa de la parte variable con relación a la parte del capital constante). Acá nos encontramos con una consecuencia fundamental: en la reproducción ampliada, cuanto más el capital masifica su composición, más presagia la crisis. Pero esta crisis se da dentro de una nueva figura del capital: ya socializado, ha integrado producción y circulación, ha constituido una dimensión global para su propio desarrollo. Sin embargo no ha eliminado el riesgo de alcanzar una relación equilibrada entre la sección de producción de los medios de producción y la sección de los bienes de consumo, entre el desarrollo y el salario total que los ha visto ir en direcciones opuestas, donde el capital constante y el capital variable ya no son capaces de encontrar un estado estable de convivencia. Comprobamos aquí el efecto definitivo de la crisis de la teoría clásica del valor-trabajo: esto no significa que el valor sea cualquier cosa que encuentra fundamento fuera de la explotación de la fuerza de trabajo sino que la dimensión, la medida y la calidad de esta fuerza de trabajo han cambiado radicalmente y que con la forma, marxianamente cambia también la materia.

¿Por qué, al principio de este parágrafo hemos hecho mención a la apertura de un nuevo espacio teórico? Porque al interior de esta crisis y tras la profundización de los antagonismos, tras nuevas concatenaciones del trabajo y contra la explotación capitalista de la cooperación social, puede tal vez ser construida una nueva teoría del valor-trabajo como potencia común. Conocemos ahora del enorme aumento en el valor de uso de la fuerza de trabajo, pero, por otro lado, también sobre la extrema violencia del capital social, que tiende a encerrarla en el valor de cambio tras la reorganización del control social para la explotación con el fin de aplastar la resistencia y la autonomía del trabajo. Es el "común" el que, dentro de la capitalización social de la valorización, hace fuerza contra todo intento de encierro tratando de expresarse.

Grandes cambios se han producido en el desarrollo capitalista más reciente. Lo primero a destacar es que las finanzas se han convertido en un elemento central en el proceso de producción. La distinción tradicional entre la gestión monetaria, por una parte y el nivel de producción "real", por el otro, ahora es imposible de mantener, no sólo políticamente, sino, y sobre todo, prácticamente, desde una perspectiva interna al proceso económico en general. Hoy en día, el capitalismo se sostiene sobre los ingresos (rentas) El gran industrial, en lugar de reinvertir los beneficios, se asienta en los ingresos (rentas). Y el circuito, la sangre del capital, se llama hoy rentas y estas rentas (ingresos) cubren una función esencial en la circulación del capital y en el mantenimiento del sistema capitalista: el mantenimiento entendido de la jerarquía social y de la unidad del comando del capital.

El dinero se convierte así en la única medida de la producción social. Tenemos así ahora una definición ontológica del dinero como una forma sanguínea de circulación interna en la que se consolida el valor construido socialmente al interior del sistema económico. Es aquí donde se da la total subordinación de la sociedad con relación al capital. La fuerza de trabajo, ahora la actividad de la sociedad, se encuentra subsumida en el dinero que es a la vez la medida y, al mismo tiempo, el control y el comando. La propia clase política se encuentra al interior de este proceso mientras que las formas de la política bailan en la cuerda.

Si esta es la situación, se vuelve lógico y fundamental que la ruptura – toda ruptura – provenga del interior de este cuadro. Debemos imaginar - y lo digo provocativamente, aunque no tanto, -qué significa hoy hacer un soviet, es decir, sostener la lucha, la fuerza, la multitud, el común dentro de esta nueva realidad y la nueva organización totalitaria del dinero y de las finanzas. La multitud no es simplemente explotada: ella es explotada socialmente como anteriormente lo era el trabajador de la fábrica. Mutatis mutandis, se plantea aquí a nivel social (y del dinero) la validez de la lucha salarial. El capital es siempre una relación (entre quien manda y quien trabaja) y es dentro de esta relación que se establece la subsunción de la fuerza de trabajo en el dinero. Pero, propiamente, si la relación del capital se mantiene, es allí adentro donde se determina la ruptura. .

La crisis actual puede ser interpretada a partir de estos presupuestos. La crisis expresa la necesidad de mantener el nuevo orden mediante la multiplicación de la moneda (las sub-prime y todo el mecanismo de terror que le siguió, sirvieron para mantener buenos trabajadores para pagar la reproducción social desde el punto de vista del capital y del sistema bancario que domina este mundo) Aquí se vuelve necesario poner las manos sobre esta cosa para destruir la capacidad de comando. No se puede ser equívoco sobre este punto. Contra toda concesión que relacione las razones de la crisis a la brecha entre las finanzas y la producción real, insistimos sobre el hecho que la financiarización no es un desvío parasitario e improductivo de cuotas crecientes de plusvalor y/o ahorro colectivo. No es una desviación, sino más bien la forma de acumulación del capital al interior de los nuevos procesos de producción social y cognitivo del valor. En la actualidad, la crisis financiera debe ser interpretada como un bloqueo de la acumulación de capital (por parte del proletariado) y por consiguiente como el resultado de la implosión de la acumulación de capital.

¿Cómo se sale de una crisis de este tipo? Sólo a través de una revolución social. Hoy, de hecho, toda propuesta de new deal sólo puede consistir en construir nuevos derechos de propiedad social de los bienes comunes. Un derecho que con toda evidencia se está contraponiendo al derecho de la propiedad privada. En otras palabras, si hasta ahora el acceso a un "bien común" tomaba la forma de una "deuda privada" de ahora en adelante es legítimo reclamar el mismo derecho bajo la forma de la "renta social". Reconocer estos derechos comunes es la única forma justa de salida de la crisis. Una última observación en este sentido: es cierto que algunos (Rancière, Zizek y Badiou lo han dicho) creen que estas "reformas" son completamente innecesarias, de hecho, perjudiciales para los trabajadores - así, ¿por qué no intentarlo? ¿Por qué no proponerlas a Wall Street?

Sin embargo no hay peor ilusión que aquella que dice que basta reapropiarse de los bienes "comunes" y someterlos a la gobernabilidad democrática, para construir el comunismo. De hecho, la acumulación social capitalista es una forma a la que necesariamente corresponde una sustancia homóloga. Aquí aquel capitalista común, aquel " comunismo del capital" deben ser destruidos. Esta destrucción constituye la puerta estrecha de todo proceso constituyente comunista. Una nueva teoría del valor-trabajo, sin embargo, se debe reconstruir en este momento, excavando el "común" para criticar el desarrollo y revertir la tendencia, así como la teoría marxista del valor trabajo sirvió para mostrar la fuerza de trabajo como potencia y establecer como objetivo de lucha, más allá del plusvalor, la destrucción de la explotación y del beneficio.

Estas cuatro notas (y estos tres ejemplos) son para decir porque Marx debe apoyar a aquellos que siguen comprometidos con la investigación para organizar la resistencia contra la explotación capitalista, para construir una autonomía siempre creciente (en la cooperación cognitiva del trabajo post-fordista) de los trabajadores y para disfrutar, dentro y contra la socialización capitalista, de las formas de vida comunitaria. "¿Por qué Marx?" es en realidad un diálogo militante lo que sugiere esta pregunta. Y estas notas indican caminos a explorar en los próximos años.


Trad: César Altamira

Publicado en el sitio Italiano UniNomade 2.0 http://uninomade.org/perche-marx/

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