domingo, 1 de mayo de 2011

Diario económico-político


de Christian Marazzi

Globosclerosis. El 18 de abril, la agencia de calificación Standard & Poor's le asignó una "perspectiva negativa" a la capacidad de EE.UU. para gestionar, es decir, para reducir su deuda, que es de alrededor de 105% del PIB. Por ahora se trata de un mera amenaza de rebaja, de descalificación: si la deuda de EE.UU. fuera a continuar en este camino (y, según la agencia, las probabilidades son de 1 a 3), a continuación, los EE.UU. serían  degradados , como le sucedió a los países periféricos de la zona del euro o, en el pasado, a los países en vías de desarrollo. Nunca había sucedido en setenta años. Según ' The Economist ("Wakey, wakey", 23 de abril), la movida de S & P debe ser interpretada como un intento de disolver el tire y afloje entre demócratas y republicanos sobre el tratamiento de la deuda. Reducir el gasto, especialmente los sociales, y / o aumentar los impuestos sobre los ingresos altos y los de la clase media ( que Obama en este punto, al menos hasta ahora, ha tratado de resistir). La tensión es alta, ya que el 16 de mayo tendrá que alcanzarse un acuerdo sobre el aumento del techo de la deuda, el límite de la deuda que ahora asciende a £ 14.3000 millones de dólares: si el Congreso no actúa rápidamente, "el país más grande del mundo podría caer a principios de julio "( (“Nervous Wall St  warns on debt limit”, "Nervioso, Wall Street advierte sobre el límite de la deuda ", Financial Times , 27 de abril).
La reacción de los mercados financieros ha sido sorprendentemente contenida: los precios de las acciones, después de un breve descenso, se han estabilizado; los rendimientos de los bonos del Tesoro incluso disminuyeron, lo que significa que los inversionistas han aumentado sus compras. De hecho, los días del debate sobre el posible incumplimiento de Grecia favorecieron al Tesoro de los EE.UU, considerado como el más líquido y más seguro en el mundo. En todo caso, señala "The Economist”, los mercados financieros están preocupados por el riesgo de la inflación y la  "extraña" débil recuperación económica de los EE.UU. Francia, Alemania y Gran Bretaña, incluso Italia, que también tienen deudas y déficit altas con relación al PIB, aún no han sido degradados (o incluso amenazados) por las agencias de calificación y esto, de acuerdo con “The Economist”, porque sus programas en la gestión a mediano plazo de la deuda y del déficit público son "creíbles", es decir están definitiva y claramente marcados por la austeridad.
Primer punto: que una agencia de calificación de los Estados Unidos (como todas los demás, sin embargo), busque condicionar "técnicamente" el debate político interno en los Estados Unidos con amenazas de un desclasamiento no es insignificante. Como mínimo, nos encontramos ante el fin de la autonomía de la política y el triunfo final de la gonernance, de la gubermentalidad  según la lógica astringente de los mercados financieros. Y esto, a escala global, es decir, no sólo en el caso de los países económicamente débiles. Hablamos acerca de la governance postdemocrática, de los mecanismos de regulación parcial (técnico) que no incorporan la entidad del tamaño de la deuda pública en sí, que ha sido blanco de ataques, sino más bien sobre la identificación de sectores enteros del gasto público a ser privatizados. Recordemos que otra agencia de calificación, Moody's rebajó al Japón en 1998, seguido por S & P en 2001, pero desde entonces la deuda japonesa no ha dejado de aumentar (hay quien estima que se encuentra en el 260% del PIB) y los rendimientos sobre los Bonos del Tesoro japonés siguen siendo muy bajos; esto, gracias a la deflación y al hecho de que el 95% de la deuda pública está en manos de ahorristas  japoneses. En fin, en otras palabras, no es la amplitud de la deuda, sino su gestión de acuerdo a criterios de mercado.
Segundo punto: si no hay dudas acerca de que la regulación de la deuda de EE.UU. tiene un efecto directo sobre el sistema financiero y monetario mundial, dada la centralidad del dólar, de las tasas de interés y de los Bonos del Tesoro de los EEUU, el riesgo de default de los Estados Unidos, por más relativo e inexistente, nos reenvía, sin embargo, a la cuestión de la gubermentalidad en un mundo multipolar. El problema radica no sólo en la posibilidad (o probabilidad) de que el sistema monetario internacional se convierta antes de tiempo en un sistema "multidivisas", es decir, en un sistema en el que el dólar está destinado a funcionar como una moneda internacional junto a otras monedas como el euro, el renminbi, alguna moneda latinoamericana, los Derechos Especiales de Giro (véase a este respecto, Barry Eichengreen, Exorbitant Privilege. The Rise and Fall of the Dollar, Oxford University Press, 2011 Privilegios exorbitantes . Ascenso y caída del dólar). No hay duda de que los Estados Unidos harán todo lo posible para seguir garantizando el derecho de señoreaje , es decir, la capacidad de imprimir moneda libremente para apropiarse de bienes y servicios de los otros productos (actualmente cerca de 500 billones de dólares circulan fuera de los EE.UU  y el resto del mundo debe procurar, en los EE.U, la misma cantidad de bienes y servicios efectivos)  Otro problema es el de la globosclerosis, como escribió David Brooks en el “Herald Tribune” el 2 de agosto de 2008: La dispersión del poder "en teoría, debería ser una buena cosa, pero en la práctica, la multipolaridad significa el poder de veto sobre la acción colectiva. En la práctica, este nuevo mundo pluralista ha dado lugar a la globosclerosis, es decir a la incapacidad de resolver un problema tras otro "(este es, entre otras cosas, el sentido de la editorial  de 'The Economist” , del 26 de marzo pasado, “Another year of living dangerously”, "Un año más de vivir peligrosamente ", en referencia a las crisis simultáneas del norte de África y de Oriente Medio, del terremoto japonés, de la crisis financiera europea).
El imperio es la forma apropiada del modo de producción biopolítico contemporáneo, pero el imperio parece inmanejable en virtud de su propio multilateralismo.
El 27 de abril, la Reserva Federal dijo que continuará hasta julio, con su programa de quantitative easing 2,  flexibilización cuantitativa 2 (facilitación cuantitativa), o sea la adquisición de Bonos del Tesoro (emitiendo moneda para comprar $ 600 000 000 000  en Bonos del Tesoro de EE.UU.) para apoyar la recuperación y, se espera, para reducir el desempleo. No habló de las tasas de interés en alza, ante aquellos que acusan a la Fed de seguir una política inflacionaria. De hecho, el riesgo de inflación en la política de EE.UU. no depende de la creación de liquidez, por lo menos mientras no crea un aumento en el volumen de crédito (y con ello un aumento de la demanda), que por el momento es muy baja. De hecho, la Fed especula sobre las políticas monetarias restrictivas en los países emergentes, donde la demanda interna es la fuente del aumento de los precios de las materias primas. De hecho, son los precios de los commodities  los que están en la base del temor a la inflación en los inversores internacionales (R. Bernstein, " Emerging market central banks doing the Fed’s dirty work”, Los bancos centrales en los mercados emergentes haciendo el trabajo sucio de la Fed" en el Financial Times del 27 de abril). Los bancos centrales de los mercados emergentes, que en los últimos tres años han estado aplicando políticas monetarias expansivas y así han contribuido a evitar una recesión mundial a largo plazo, son llamados por la Fed a hacer el trabajo sucio, es decir, a elevar las tasas de interés para reducir el riesgo de la inflación en todo el mundo. Y esto significa tener en los países emergentes políticas de contención salarial propia de la fase donde, no sólo en China, estamos viendo la presión desde abajo para alcanzar mejoras en las condiciones de vida (pienso, aunque es un ejemplo entre muchos otros, en la huelga de conductores de camiones en China). Será interesante ver cómo responderán China y los otros países emergentes. No está, por ejemplo, excluida una ola de devaluaciones de las monedas de los países emergentes para mantener altas las exportaciones hacia Occidente. En todo caso, este es un ejemplo de "cooperación conflictiva" en el ámbito de la governance multipolar, manifestada en la inmanencia del comando, en su “horizontalidad”. Se trata también de una governance en medio de una crisis continua, una suerte de ajuste fino (fine tunning) del agregado monetario para evitar una escalada acumulativa de las luchas contra las condiciones de vida a escala mundial.

Trad: César Altamira

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