lunes, 18 de abril de 2011

La llamada Teoría italiana y la rebelión del conocimiento vivo

 Matteo Pasquinelli

            Como bizarra venganza, aunque no completamente fortuita,  en el mismo  momento que la academia anglo-americana se sume en crisis, somos testigos, desde Londres a California, de la creciente hegemonía de la filosofía política italiana en los diversos departamentos universitarios.  En  efecto, las primeras referencias de las numerosas publicaciones académicas se encuentran nombres desde Toni Negri a Paolo Virno, desde Christian Marazzi a Sandro Mezzadra,  desde Maurizio Lazzarato a Franco Berardi Bifo, (indexados sin piedad por los algoritmos del Google Académico); aparecen incluso en los catálogos de las bienales (asumidos  por los críticos de arte más mundanos). Todo parece indicar que la represión contra la anomalía italiana de los 70’s parece haber sido vindicada hoy en día ante una fértil diáspora  teórica.

Bajo el término genérico de  “la teoría italiana” se organizan considerable número de conferencias, seminarios y publicaciones sobre los pensadores que en la última década han acreditado el obrerismo italiano allende el atlántico; o iniciado una nueva lectura de la biopolítica (en especial con Giorgio Agamben o con R.Esposito), en aquellas facultades anestesiadas por la revolución secular de los Estudios Culturales, la filosofía posmoderna y la tradición analítica. Basta recordar sólo en 2010, la conferencia en la Universidad de Pittsburgh cuando el décimo aniversario de la publicación del libro Imperio de Hardt y Negri, o el simposio en la Universidad de Cornell en Nueva York sobre el concepto del común. El próximo 19 de Mayo en  Amsterdam,  la conferencia sobre la postautonomía buscará dar cuenta de la difusión del pensamiento post-obrerista entre las nuevas generaciones de estudiosos (financiada por un generoso erario público).

Pero se trata obviamente de una némesis de dos caras, si incorporamos que la crítica del capitalismo cognitivo, la co investigación,  la noción de multitud y la de la figura del trabajador precario fueran recuperados  por los sistemas académicos noreuropeos solo como una cambio de traje sin cuestionar las jerarquías y disciplinas, más allá que estos autores vivieron siempre marginados por la academia italiana. Para hacer una parodia de lamento común debemos decir que la fuga de cerebros comenzó con el juicio del 7 de abril de 1979 prohibiendo a la autonomía, encarcelando a todos sus periodistas e  intelectuales  y aplastando a aquella sociedad del conocimiento que en otros países pudo haber encontrado otro destino.


Genealogía del materialismo antagónico

Al igual que sucedió con la anterior definición de la Teoría Francesa, en la que el posestructuralismo terminó siendo absorbido y neutralizado (sólidos autores de la ontología de la talla de Foucault y Deleuze, siguieron en innumerables ocasiones el mismo destino de meteoros evanescentes del tipo de Braudillard),  el nombre de la Teoría Italiana fue también acuñado por la academia angloparlante. Sin embargo, la colección Radical Thought in Italy, (editada por Hardt y Virno en 1996), preparada anticipadamente por la antología Autonomia Post Political Politics a cargo de Lotringer y Marazzi en los años 80 ,  cuando Nueva York todavía acostumbraba a mezclar los graffitis de Basquiat y la teoría underground,  es considerada como la primera irrupción oficial del obrerismo italiano en el mundo académico estadounidense.  Pero más allá de las acrobacias académicas, la transición de la Teoría francesa a la Teoría italiana tiene sus razones históricas.

            En el folleto La diferencia italiana (2005) Negri recuerda cómo el pensamiento postmoderno hizo saltar por los aires las categorías hegelianas, burguesas y patriarcales modernas, aunque permaneció un horizonte de las diferencias ambivalente e indecidible. En este escenario, fue gracias al feminismo de  Muraro y al obrerismo de Tronti, Negri escribe, que fue posible inscribir la polarización de las luchas sociales en la “ontología italiana” del siglo XX: si hay diferencia, entonces hay resistencia. Una vez unificada la visión separatista e irreductible de sus maestros, Negri acota, el obrerismo reivindicará el proyecto de la ontología constituyente que comienza cuando el pensamiento francés deja las máquinas deseantes y la micropolítica.

Negri también proporciona tras el título de la antología La diferencia  italiana: entre el nihilismo y la Biopolítica (2009), el esbozo de una lectura general de los filósofos radicales cuyo linaje constituyente  es contrabalanceado con el  nihilismo de Máximo Cacciari y la idea de la “vida nuta” de Agamben. Siguiendo esta pista, más recientemente Roberto Espósito ha expuesto en su Pensamiento vivo, Origen y actualidad de la filosofía italiana  (percibido como breviario de la "Teoría italiana” aún antes de ser traducido al inglés) la clave de la tradición italiana en su antagonismo al poder, coherencia a lo largo de los siglos pagada a un muy alto precio con la vida, desde Giordano Bruno a Antonio Gramsci. Este synolon, esta unidad sintética de práctica constituyente y agitadora, esta inmanencia de antagonismo, se remonta a una historia ideal que va desde Maquiavelo  a Tronti. La encarnación artística de esta clase de materialismo antagónico se concreta en  la Batalla de Anghiari " de Leonardo, donde se representa la figura de la lucha como amalgama entre el ser humano y el animal que recuerda al centauro maquiavélico.

La comparación con la crisis de la filosofía del lenguaje

Esposito, en el mismo texto, contextualiza la aparición de la "diferencia italiana” en el marco de la crisis de aquellas escuelas europeas basadas en la primacía del lenguaje, es decir: la  filosofía analítica inglesa, la hermenéutica alemana y la deconstrucción francesa. Fuera de los recintos académicos, esta crisis es quizás el resultado de las presiones de las nuevas formas de trabajo. Desde el fragmento de Marx sobre las máquinas hasta el concepto de capitalismo cognitivo, de hecho, el pensamiento post-obrerista nunca ha considerado el lenguaje como la casa del ser heideggeriano, sino más bien como un medio de producción en el centro de trabajo contemporáneo. El motivo principal por el cual se adopta en el exterior la “teoría italiana" es por ser sólo una de las pocas lecturas antagónicas y no logocéntrica de los grandes aparatos de la economía del conocimiento, del trabajo inmaterial y de la sociedad en red (como lo señala en 1999, el canadiense Nick Dyer-Witheford en su libro, Cyber-Marx)

Al giro lingüístico de la economía política (tanto marxista como  neoliberal), no le correspondió un giro en la filosofía económica y política del lenguaje. Tal vez pueda entenderse en este sentido la operación intentada por Virno en los últimos años: en lugar de forzar las murallas de la filosofía analítica desde el exterior, Virno ha estado buscando la  llave para abrirla desde dentro de la política. Del mismo modo, desde el interior de la escuela analítica y tratando de separarse del legado de Badiou, el actual grupo de jóvenes filósofos de la corriente realismo especulativo (reunidos alrededor de la revista británica Collapse ) se esfuerzan hoy en día por alcanzar los bordes del  materialismo continental de manera negativa, empleando cientos de páginas de Kant para emular la fuerza del concepto de conatus que Spinoza supiera expresar en una proposición de su Ética.

La ideología del Realismo Capitalista

El mundo académico de la Europa del Norte sigue siendo dominado por otra escuela logocéntrica olvidada por Esposito, el psicoanálisis lacaniano  de rito esloveno, que ve al capitalismo como un efecto de la realidad  que esta ideológicamente mediada. El péndulo hipnótico de Zizek es implacable y oscila diciendo algo así como esto:   la ideología no es algo consciente y abstracto, por ejemplo, siempre creemos que la economía es un hecho empírico y material y esto es el efecto de la ideología. Esta lectura se aplica con la misma generosidad tanto a la economía  burguesa como a la economía marxista, acusada también de exceso de economicismo (como le gusta destacar a Badiou) Para esta escuela de pensamiento, entonces el principal problema se llama Realismo Capitalista (por citar el título de un reciente libro de Mark Fisher) y la acción política se resuelve en el ejercicio sicoanalítico de levantar el velo de las mallas de la ideología cotidiana.

Contra el pecado de la pasión por lo real (Badiou otra vez) del pensamiento italiano, Zizek describe el activismo exactamente igual al deseo lacaniano: no está vinculada al " hic et nunc” (aquí y ahora), sino como un signo que nos envía siempre a otro lado. El comportamiento económico es entonces descrito como un lenguaje, el imaginario político deviene una gramática manipulable, la militancia está siempre predeterminada por un Orden Simbólico  en una grilla de roles. Como en el caso de Badiou, si bien Zizek se presenta como un marxista en los foros mundiales, bueno, el suyo es un "marxismo sin Marx" - una economía política de la que solo se mantiene el simulacro de la ideología. En todo esto no es de extrañar que Zizek confunda la filosofía con la crítica de cine. El suyo es, para muchos, un comunismo metafísico que no se ensucia las manos con luchas reales. Es tal vez simplemente un comunista Avatar. No es casual que la segunda edición de la idea del comunismo organizado por Zizek y Badiou en Berlín en 2010 se dedicara principalmente a la producción teatral del tema.

Pero si el pensamiento italiano se forjó como escuela "en las luchas de los años 60 y 70,  ¿cual fue el gimnasio político de este peculiar paradigma teórico histórico? La lectura insistente de Zizek sobre  el neoliberalismo como aparato ideológico no se forma, paradójicamente, en el marco del Consenso de Washington, sino más bien en el momento del realismo socialista. De la misma forma que la Escuela de Frankfurt adoptó el aparato de propaganda nazi para describir la industria de la cultura americana, Zizek utiliza de manera similar contra el pensamiento neo-liberal los instrumentos conceptuales desarrollados bajo la ideología de la cortina de hierro y de sus aparatos. En el fondo aquella era la forma del conflicto percibido, vivido y sufrido diariamente en la ex Yugoslavia, un conflicto exactamente ideológico, pero probablemente no apropiado hoy para describir el capitalismo biopolítico.

Esta interpretación de lo político como ideología produce continuas recaídas. Flanqueando la vulgata lacaniana,  la reciente conferencia en Amsterdam, El frente Populista dedicada a un análisis crítico del populismo contemporáneo, desde el Tea Party  al holandés Geert Wilders  pasando obviamente por Italia, parece peligrosamente sugerir a  los movimientos y partidos de izquierda cimentarse en la  'invención del enemigo”  para salir de la propia crisis. Reivindicando aquí la tecnología autopoiética similar a la utilizada por los líderes populistas europeos en la construcción de la fobia de masas, aunque   parece un poco histérico la necesidad de dotarse de un “enemigo imaginario”, justo cuando el norte y el sur son atravesados por los nuevos movimientos sociales.  A la deriva populista de la intelligentsia holandesa y al nudo irresuelto del imaginario político en el debate filosófico, parece responder a la distancia la Escuela Europea de imaginación social que Franco Berardi Bifo, está organizando para el próximo 21 de mayo en San Marino ( www.scepsi. eu ).

Co-investigación y crisis del capitalismo y cognitivo

No hay espacio suficiente aquí para recordar los encuentros, los más prolíficos, de la "Teoría Italiana” con otras áreas geo-filosóficas:  de los estudios poscoloniales a la teoría queer, de la cultura de la red al diálogo con las disciplinas del derecho. La innovación teórica continúa de manera independiente en la red de la 'universidad nómadas "en  Francia e Italia, España y Brasil. Véase a tal efecto el reciente seminario organizado en la ciudad de Turín ( www.uninomade.org ) y París ( www.dupublicaucommun.com ).

La post autonomía como se ha dado en llamar no es un animal prehistórico listo para una  taxidermia, sino un movimiento del “pensamiento vivo” que se mueve en las barricadas dentro de la universidad: se plasma por ejemplo en el Frente de Liberación del Conocimiento, que organizara las protestas de los estudiantes en Europa los días 25 y 26 de marzo pasado. Parafraseando el título de un libro de Gigi Roggero (que se publicará próximamente en Inglés la Temple University Press): aquí está “La producción del saber vivo”. Las nuevas generaciones de académicos que se están preparando para canonizar el pensamiento italiano deben confrontarse a sí mismos con  la máxima trontiana: el conocimiento está vinculado a la lucha, conoce verdaderamente quien  odia verdaderamente (Obreros y Capital)

Es sobretodo en la definición del conocimiento que la 'Teoría italiana” muestra su núcleo innovador e irreductible: hacer teoría requiere  hoy del problema de la co-investigación, la filosofía de lo no-filosófico (o político), significa la superación de la disciplina humboldtiana y de los Estudios Anglo-Americanos, la abolición de la jerarquía entre objeto y sujeto en la investigación, significa la crítica del "conocimiento procedimental" y de la revisión por pares, significa mostrar la financiarización por la deuda de la vida estudiantil y poner en cuestión, por último, la llamada IKEA es decir el Proceso de Bolonia. Hoy la Co-investigación significa volver a pensar, incluso en la universidad, la vinculación entre la teoría y la práctica en la era de la crisis financiera. No es sólo una coincidencia que la escuela de pensamiento que ha estudiado de cerca el capitalismo cognitivo surja  en tiempos de crisis en la edu- fábrica global.

Matteo Pasquinelli, Berlín ( matteopasquinelli.org )

Publicado en El Manifiesto del 13 de abril 2011 bajo el título
"El ascenso en la cátedra del pensamiento crítico."
Trad:  César Altamira

Publicado en el sitio italiano Uninomade 2.0 

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