sábado, 23 de abril de 2011

Notas para el seminario sobre la composición de clase y la organización del común *


Colectivo de  UNINOMADE

El horizonte: el capitalismo cognitivo. El análisis tiene necesariamente como telón de fondo, el capitalismo cognitivo. La hipótesis, cabalmente elaborada, es que nos encontramos dentro de un sistema donde la producción y extracción del valor está caracterizado por la centralidad del conocimiento y las habilidades cognitivas de los trabajadores. Los procesos de control, gestión y  explotación de una fuerza de trabajo, extremadamente móvil en su naturaleza, caracterizada por la producción continua del lenguaje, la cooperación social y la capacidad innovativa, subyacen en la base de esta producción continua y transformación de la subjetividad, con iguales características de movilidad. La explotación adopta la apariencia de un esfuerzo continuo por capturar aquella capacidad de transformación. De aquí se desprende la necesaria governance  de las desigualdades que caracterizan al neoliberalismo - gobierno, por una parte, fuertemente jerarquizado y por otra, necesariamente limitado al no ser capaz de poder subsumir integralmente la producción de subjetividad. La irreducible multiplicidad y capacidad cooperativa y de transformación de la fuerza de trabajo resultan absolutamente necesarias para el funcionamiento del propio capitalismo cognitivo, que mientras por un lado favorece la movilidad de los sujetos, por el otro busca re territorializarlos y bloquearlos a través de dispositivos de propiedad que intentan capturar  la cooperación social y de mecanismos de control que impiden que esta necesaria movilidad se convierta realmente en una amenazante producción de autonomía. Por lo tanto: incorporar el capitalismo cognitivo como horizonte de análisis significa asumir tanto una mayor movilidad (potencial) de la composición de clase cognitiva, como una mayor capacidad de la cooperación social para auto organizarse. De ninguna manera, sin embargo, esto significa negar la explotación de la fuerza de trabajo cognitiva o la persistente apropiación capitalista del valor producido por la cooperación social. Significa, en todo caso, aceptar la existencia de un grado diverso de diferenciación de los dispositivos de control y de explotación, y de una decisiva incidencia de los elementos subjetivos en el cuerpo del trabajo en vivo sobre el que ejerce su presión el capitalismo cognitivo.

Sobre la  "centralidad" del precariado cognitivo. Asumir como  horizonte de análisis y orientación la tesis del capitalismo cognitivo significa al mismo tiempo asumir la centralidad del precariado cognitivo en cualquier análisis de la composición de clase. Pero la "centralidad" para nada significa encontrar aquí un grupo sociológicamente identificable como elemento central en el sistema productivo. La centralidad del precariado cognitivo no significa la existencia de un sujeto privilegiado en el plano de la composición de clase; muestra más bien la tendencia natural de la totalidad de la fuerza de trabajo: i) cognitiva, por la centralidad de su capacidad relacional, lingüística y de cooperación; y ii) precaria por el tipo de governance que puede garantizar la extracción de valor. En resumen, el problema de la composición de clase en el capitalismo cognitivo reside en que aquella simplicidad que permite identificar la centralidad del precariado cognitivo impide, al mismo tiempo, recurrir a toda representación geométrica en torno a un presunto centro estable de la propia composición de clase. La misma seguridad que permite identificar al precariado cognitivo como característica de este sistema de producción, exige asumir, aún con mayor certeza,  la inevitable fluidez, movilidad, transformación e intersección continua de cada figura social. La "composición técnica" de clase se presenta con esta extrema movilidad y características heterogéneas y descentralizadas.  Al mismo tiempo, los elementos de subjetividad, centrales en la fuerza de trabajo cognitiva, definen al trabajo vivo de una manera crucial, de modo que no hay análisis de la composición técnica posible sin el continuo cruce de las líneas de género y de clase, ni puede tampoco alcanzarse sin los dispositivos de culturización y racialización. El proceso - abierto, marcado y conducido por las luchas de las últimas décadas – de cognitivización laboral y explotación, la tendencia al solapamiento entre la vida y el trabajo, la explosión de la forma-fábrica, la red y la metrópoli como las nuevas coordenadas espacio-temporales de la producción, el carácter crecientemente transnacional y heterogéneo del trabajo vivo,  constitutivamente precario y móvil, vuelven borrosa la composición técnica y política, solapándolas y distanciándolas al mismo tiempo. En consecuencia la relación entre la composición técnica y la composición política no puede ser asumida como se entendía en los años sesenta. Sin embargo, en el mismo momento que afirmamos que la relación entre la composición técnica y la composición política ha dejado de tener la forma pensada originalmente, debido a que la relación entre ambos términos se ha modificado radicalmente, estamos proponiendo también que la ruptura de la relación es un problema político, el nudo de la investigación militante. Ya que al plantear la problemática de la relación mencionada se rompe definitivamente con la idea de la tradición socialista, es decir la de una simetría especular entre la jerarquía de producción y la jerarquía de las luchas. Al mismo tiempo, permite salir de la imagen determinista de la unidad de clase para identificar los procesos internos de los conflictos e incluso la separación constitucional. Este es el método político del que debemos partir. En este contexto, ¿es posible definir al 14 de diciembre sugestivamente como la  llamada Piazza Statuto[i] de la precariedad cognitiva? Tal vez, pero evitando al mismo tiempo un doble riesgo. Por un lado, separar el evento del proceso, deslumbrado por aquella visión teológica del milagro, que no es más que un contrapunto, espejo de la incapacidad de reconocer la autonomía y el poder de la multitud. El problema entonces es leer el evento a través de sus conexiones internas, o sea, la movilización de la universidad en su relación con el rechazo obrero de Pomigliano[ii] y las luchas de los trabajadores migrantes. Estas conexiones constituyen precisamente los términos de la composición de clase. Para decirlo de una vez: no hay composición de clase sin subjetivación, y no hay subjetivación sin proceso de organización. Por otro lado, el riesgo complementario al primero es la idea de un desarrollo lineal y progresivo de la organización, o sea la imagen homogénea y vacía de la temporalidad del proceso privado de la composición de clase que se forma a través de las tendencias, la sedimentación, los conflictos, rupturas, saltos. Se trata pues de poner en discusión de manera radical la estética del evento sin organización, y de la organización sin evento. Se trata pues de repensar y reinventar el antes y el después de "Piazza Statuto", es decir la co investigación.

Crisis y subjetividad. La crisis, aplicada a esta geografía social móvil y dinámica, no adopta la apariencia cíclica de una necesaria repetición. Nada puede hacernos pensar que la superación de la crisis será coincidente necesariamente con una reestructuración de los dispositivos de la governance  neoliberal, como algunas interpretaciones entienden, animadas por la triste pasión de que “nada nuevo hay bajo el sol” y por la incomprensión sobre el ahora nuevo carácter estructuralmente "crítico" y fibrilador de las relaciones sociales contemporáneas capitalistas. Ni el pasaje transicional, dirigido sólo a anunciar una reestructuración global, ni, obviamente, un colapso final del sistema, tales como las conocidas mitologías “crolliste” (fatalistas); la crisis muestra, más bien, la íntima fragilidad relativa de las formas de acumulación contemporáneas basadas en la financiarización y en la captura de la cooperación social. Decir capitalismo cognitivo significa decir  crisis como condición permanente y horizonte insuperable de su desarrollo.
Las rígidas y cíclicas interpretaciones fatalistas de la crisis, como lecturas cautivas, y en el fondo depresivas y desmotivantes  de la crisis, condicionan de un modo políticamente decisivo el análisis de la transformación de la subjetividad al interior de la propia crisis. Pensar la crisis como momentánea transición de la que se saldrá exclusivamente a través de la reactivación y fortalecimiento del modo neoliberal de la explotación, conduce a leer que la dinámica de subjetivación, dentro de la crisis, puede continuar dándose como una dinámica exclusivamente pasiva y defensiva. Los sujetos de la crisis no podrán dar lugar ellos mismos a procesos de subjetivación activos y productivos de autonomía; de esta manera, la propia autonomía se convierte en una peligrosa ilusión subjetiva, cuando la crisis es vista como un campo determinista destinado a "consumir" la subjetividad. En la crisis, esta interpretación excluye toda capacidad subjetiva para el desarrollo de luchas que sean no sólo defensivas sino también capaces de producir autonomía. Las consecuencias políticas de esta interpretación consisten en creer que la única manera sobria y tácticamente útil para hacer frente a la crisis se reduce a liberarse lo más rápidamente posible de toda ilusión sobre el potencial transformador dentro de la crisis, y en ponerse a trabajar de la manera más “realista” en la construcción de alianzas defensivas que permitan algún tipo de control sobre los daños. Es evidente que  en paralelo con esta mistificante lectura de la crisis como mera transición, y no como condición fundamental del desarrollo capitalista moderno, se genera una profunda e inocente falta de comprensión sobre la naturaleza y la producción de subjetividad en la crisis. Se cambia, evidentemente, la ya recordada movilidad y extrema transformación que caracteriza la figura de la composición de clase, por una suerte de intrínseca debilidad de aquella subjetividad. Ahora, resulta innegable la extrema movilidad y fluidez de las figuras que componen la fuerza de trabajo: los estudiantes se vuelven inmediatamente trabajadores, más particularmente trabajadores precarios, y al mismo tiempo, la condición de los trabajadores se moldea a través de los procesos de cognitivización y financiarización. Pero la crisis de la ley del valor, a través de la explosión de la forma salario,  también significa la pérdida de una medida de las luchas sociales y de las relaciones de fuerza. Esto tiene, obviamente, un lado extremadamente problemático (si pensamos en las recientes movilizaciones de los investigadores) que tienden a no reconocer más en el salario un terreno de conflicto para la construcción de relaciones de fuerza, o incluso pierden por completo la identificación de aquella contraparte, en la medida que rechazan su condición de seres obreros y colectivos. Entre los investigadores de la universidad, por ejemplo, hay a menudo una implícita internalización de la amenaza de Marchionne, aunque no sea públicamente formulada: no hay necesidad de un referéndum para aceptar la identificación entre los trabajadores y las empresas, para aceptar los tiempos y las condiciones de una insoportable precariedad a cambio de un status,  el de "creativo"[iii]. Sin embargo, es precisamente la explosión de la forma salario y la inconmensurabilidad de las luchas sociales lo que hace, hasta el momento, subir la apuesta. La extrema movilidad de la composición social no clausura la posibilidad de la rebelión y la construcción de la autonomía, ante el exceso de debilidad de la subjetividad, sino que, más bien, plantea la posibilidad de construir un enfoque común, si se entiende este como un proceso dinámico de construcción común de la subjetividad. La movilidad y el cruce recíproco y  permanente de subjetividades (estudiantes, trabajadores, géneros, clases, inmigrantes ...) puede aparecer como una debilidad y una “desubjetivación”, con un destino relativo de incapacidad política, sólo para aquellos que se posicionan tristemente en una visión estática de las identidades (y de crisis cíclicas). Pero, para quienes ven en la crisis un momento permanente de crisis de la medida del valor, también interpretan la riqueza de la producción de una subjetividad, capaz de inventar nuevas transformaciones y nuevas construcciones de autonomía en esa movilidad. En la crisis, la fluidez de la figura de la fuerza de trabajo es transformada en subjetividad excedente  y el espacio del conflicto se plantea en un nivel inmediatamente constituyente: la reapropiación de la riqueza social no puede ser pensada por fuera de la producción y organización del común. Y viceversa. La subjetividad de las figuras contemporáneas de la composición de clase se forma en la tensión entre la producción y la  captura del común.

Composición de clase y organización. La lectura de la crisis en términos de necesaria “implosión” de la subjetividad termina así por lanzar una idea abstracta de la recomposición política. Podríamos afirmar que a una concepción estática y pasiva de la composición de clase no puede más que corresponderle el lanzamiento, ya perimido en el tiempo, de la tradicional idea del organización “por arriba” y de recomposición alrededor de la ”dada”  figura tradicional en el panorama de los sindicatos y de los partidos.  A una lectura de la subjetividad bloqueada por la crisis, corresponde una formulación de la política (y consecuentemente de organización) abstracta y completamente trascendente con respecto a la subjetividad misma. La interpretación que las luchas sociales no  sólo continúan sino que  incrementan su capacidad para atravesar y juntar las líneas de la explotación de clase,  la violencia racial y la represión de género durante la crisis, demuestra, en realidad, que la crisis, -precisamente porque no se trata de un pasaje cíclico y transicional, sino de un campo abierto donde se manifiestan sus  permanentes condiciones de fragilidad, inestabilidad y reproducción de la violencia de la apropiación original,- es el espacio donde las singularidades de género, clase y raza pueden producir cadenas de reacción que amplifican su potencial para construir resistencia y liberación. La extrema movilidad de la composición social, que se revela en la fuerza de trabajo que la crisis trata siempre de controlar y explotar a través de los dispositivos de precarización y de la governance de las desigualdades,  habla de una subjetividad que no está del todo bloqueada por la crisis, sino equipada más bien con un potencial de transformación y acción recíproca. Por supuesto, ninguno de los procesos de composición política, puede darse espontáneamente, pero los procesos de organización y auto-organización - que no se detienen en  la crisis, sino que, de hecho, acentúan su ritmo - están incorporados de manera profunda al interior de los movimiento de transformación de la subjetividad, siguiendo la compleja movilidad de las líneas de explotación de clase, de subordinación del género, de jerarquización racial, al tiempo que muestran la imposibilidad de ser reducidos a las figuras partidarias y sindicales existentes.
El punto de la organización sigue siendo el punto central y un punto esencialmente político. Sin embargo, su carácter político debería ser localizado en la inmanencia de los procesos de constitución que marca la producción de subjetividad. En resumen. No hay autonomía de la revuelta con relación al proceso de organización política, ni hay tampoco autonomía de la política, que luego de la revuelta, le de forma y represente este proceso.  La organización es inmanente  a la composición de clase, o simplemente no lo es. El común se convierte en el elemento a través del cual se puede repensar la composición de clase y la relación entre lo que – solamente por conveniencia y asumiendo la imposibilidad de su reproposición– llamamos como composición técnica y composición política. "Volver" a la cuestión de la composición de clase, entonces, significa construir aquello que no está ahí, alineando los problemas, proponiendo nuevos caminos  y arriesgando hipótesis hacia adelante, partiendo de aquel método político que se llama la coinvestigación y que hoy – en el cruce de la intelectualidad y de la militancia en la transformación del trabajo y sus figuras – asume un carácter inmediatamente constituyente.

*Presentación para el seminario Composición de clase y organización del Común en Génova próximo 18/19-06.
Notas, del traductor


[i] Se refiere al nacimiento del obrerismo italiano en 1962 cuando militantes obreros metalmecánicos y estudiantes atacaron e incendiaron las oficinas en Turín de la Unión Italiana del Trabajo en Piazza Statuto. La referencia al 14 de diciembre del 2010 se asienta en las formidables manifestaciones en Italia contra la precarización.
[ii] Pomigliano, filial en Nápoles de la Fiat, votó contra las reformas de flexibilización laboral propuestas por Marchionne, director ejecutivo de Fiat Group recientemente.
[iii] Hace referencia al referéndum convocado por la patronal de Fiat con relación a las reformas propuestas contra los viejos convenios colectivos de trabajo de la FIOM y que en la planta de Turín fueran favorables a Fiat gracias al voto de los oficinistas.
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Traducción: César Altamira
Del Sitio italiano Uninomade 2.0

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